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Archive for 9 enero 2014

Graduation

Mi último truja publicado quiere ser una provocación, pero no por ello falta a la verdad. Mi paso por la Facultad de Traducción de la Universidad Autónoma de Barcelona estuvo marcado por las contradicciones: fueron años apacibles porque la carga de trabajo era mucho más escasa que la de mis años de instituto; fueron también años frustrantes porque aquello (las clases, los compañeros, con alguna maravillosa excepción, claro) no se parecía mucho a la universidad que yo esperaba. ¿Expectativas demasiado altas? Quizá. Para ilustrar mi desencanto, me limitaré a decir que al final del primer año consideré dar el salto filología, mi vocación de toda la vida, sólo que al final me pudo la idea de pasar diez meses en Italia de Erasmus. Valió la pena: en la Universidad de Bolonia me encontré con un plan de estudios mucho más exigente que espero no hayan dinamitado las posteriores reformas.

La verdadera mili de la traducción la hice trabajando y frecuentando al grupo de amigos y exalumnos que Juan Gabriel López Guix reunía de forma periódica en cierto bar del Ensanche barcelonés. Ahí se cursaba el «tercer ciclo», decían, y decían bien. Que es posible exigir lecturas y dedicación lo aprendí cursando Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona: ahí volví a estudiar como en tiempos del instituto, con la diferencia de que, además, traducía a jornada completa.
Hablo en el artículo de la contraposición entre la teoría y la práctica de la traducción, una contraposición que me molesta y, en el fondo, me sorprende, porque sin duda existen espacios en que pueden ir de la mano. De ahí mi reivindicación, una vez más, del libro de Adam Thirlwell, porque en él un novelista que habla de historia de la traducción termina ejerciendo de apuntador de teorías, teorías que no nacen de la abstracción pura ni de la necesidad de ganar la titularidad o la cátedra (y que por lo tanto no dan respuestas), sino de hechos históricos observados con curiosidad e ingenio (y que, a la postre, plantean más preguntas de las que resuelven: y ahí, en esa crisis del conocimiento, está la riqueza y el estímulo).

El congreso al que aludo en el primer párrafo es el VII Congreso Internacional de Traducción, celebrado en la UAB y del que ya nos ocupamos en este blog. Ahí hablé de algo que a todas luces no iba a interesar a casi nadie: del prólogo de Malaparte a Kaputt y de las consecuencias que para su edición y traducción se derivan de un análisis literario y textual riguroso. Digo a casi nadie porque, días más tarde, recibí un amable correo en el que Willy Neunzig me pedía una copia de la charla para una doctoranda suya.

Ironías de la vida, días antes de enviar el truja al Cervantes, se puso en contacto conmigo la profesora Mariana Orozco para proponerme un puesto de profesor asociado de traducción inglés-castellano en la UAB. Evidentemente he aceptado, porque, como me dijo la amiga Ana Alcaina cuando le consulté al respecto, es el modo de (al menos intentar) explicar las cosas como uno quisiera que se las hubieran explicado. La tarea me impone mucho respeto, por eso quiero dar las gracias por sus ánimos y consejos a Ana Alcaina, Juan Gabriel López Guix, Ana Mata, Mariana Orozco, Joan Parra, Jorge Seca y Juan de Sola. Y a Raquel Aquino, claro, por empujarme a decir que sí. Y al amigo Lorenzo Gallego, a quien me tanto me alegra que hayan metido en el mismo brete.

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