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Archive for 23 diciembre 2009

Despedida navideña

O una excusa como cualquier otra para tomarme un receso. Sed buenos y volved el año que viene; habrá posts fresquitos a partir del día 12 de enero.

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Inauguramos sección: «Mis charlas con gente invisible», título de montalbaniana y venutiana memoria. A ver lo que dura. Como serán entradas más largas, intentaré publicarlas antes del fin de semana o las semanas en que no estén previstos más posts. Allá vamos.

Esto ocurre en Barcelona el pasado miércoles 16. Pau Vidal (escritor, traductor de Camilleri, Lampedusa y Saviano, crucigramista de El País) me cita por sus barrios: «I on vius?». «Al Xino.» Hacía años que nadie me decía «el Xino» en lugar del Raval. Buenos presagios. Nos encontramos a la puerta de su casa y nos dirigimos a una tasca  sin nombre al lado de Riera Alta. Son las cinco. Juega el Barça. «És dels últims llocs autèntics que queden. –Y señalando una cabeza de toro disecada en la pared del fondo comenta–: El dia que l’Hereu ho sàpiga ens la tanquen.»

Empezamos hablando de su relación con la lengua italiana, que tiene su origen, cómo no, en un viaje de juventud a Italia, «un paraís per a qualsevol persona amb inquietud lingüística». Después llegan los cursos de italiano, alguna novia italiana, en fin, lo que todos, supongo. El camino hacia la traducción llega después, hacia 1997, durante sus tiempos de periodista cultural en El País; los contactos con editores lo animan a presentarse para una prueba. Traduce el primer libro, Bastogne, de Enrico Brizzi.

Poco después empiezan los Camilleris, quince hasta la fecha. «Tot va començar amb L’òpera de Vigata. L’Anna [Casassas] no s’hi va veure amb cor i em va tocar a mi.» A diferencia de los Camilleris castellanos, que se reparten entre María Antonia Menini (los Montalbanos) y Carlos Vitale (los demás), Pau carga con la práctica totalidad de lo que aparece en catalán. A diferencia de los Camilleris castellanos, Pau se exprime los sesos para conservar el asilvestramiento lingüístico de los libros del de Porto Empedocle. «En els llibres de Camilleri el llenguatge no és un recurs, és un personatge.» Y una novela a la que le falta un personaje es una novela trunca. (Sobre esto han escrito Giovanni Caprara y Caterina Briguglia.) ¿Por qué esta diferencia de enfoque? «Partim de tradicions diverses: el castellà ha estat una llengua imperial, com l’anglès, i els imperis han d’apretar les regnes si volen mantenir l’ordre. Hi ha un centralisme molt assumit.» Tal vez sí, tal vez los traductores al castellano le tememos a la norma feroz, a la utopia castradora del castellano neutro, a la RAE (bueno, a la RAE cada día menos). Menini, Vitale y Vidal viven en Barcelona. «¿Manteniu alguna mena de contacte?» «No.» No. «El traductor és un bitxo solitari, és poc social.»

Gol del Barça. Vítores.

Es inevitable: hablamos del Gattopardo. Le pregunto si consultó alguna traducción anterior. «No, no vaig mirar cap traducció.» Por lo visto, la de Llorenç Villalonga era poco fiable: «Però si no sabia italià! El primer que va fer quan en [Joan] Sales li va encarregar la feina va ser buscar la versió francesa. L’hi va corregir l’Aina Moll, que no es va atrevir a tocar-ne res» ¿Y la castellana de Ricardo Pochtar? «De Pochtar en parla molt bé en [Joan de] Sagarra; no me’n refio.» Eso sí, leyó libros que pudieran pertrecharlo para la travesía: I vicerè de Federico De Roberto, Bearn.

Pasamos al tópico de la retraducción periódica los clásicos: el viejo e indemostrado mantra de que el original no envejece mientras que la traducción sí. «De debó l’original no envelleix? El Tirant tampoc? Si la traducció és bona, no tinc clar que hi hagi una necessitat cíclica de retraduir.» ¡Por fin un disidente! Comenzaba a creer que sólo a mí me faltaba el gen de la retraducción cíclica. Y empezaba a preocuparme, palabra.

Sé que Pau es un defensor de las notas al pie, aunque no le dejen ponerlas. «En el cas d’en Saviano em semblaven imprescindibles. Com entén el lector d’aquí el que va ser el període de les mani pulite?» Hay quien dice que suponen una interrupción de la lectura. «A mi, personalment, no em destorben.» El tema merecería que se le dedicara una encuesta amplia un día de éstos.

Terminamos hablando de los medios: le comento que Pau Joan Hernàndez se negó a acudir a la entrega del premio Llibreter en protesta por la falta de atención que los reseñistas y críticos dedicaron a la tarea del traductor. «I ben fet que va fer.» De todos modos, Pau dice sentirse bien tratado: hace tiempo que su nombre aparece incluso en las cubiertas y ha dado una buena gira difundiendo la buena nueva del Gattopardo. «No m’agrada el plany, però seria un plany justificat. En tot cas, el monòlit del traductor està per fer.»

Hora de despedirse. Pau tiene que dejar listo de papeles el nuevo libro de Saviano y yo he quedado con Dima. Me meto en otro bar en la plaza del Rei y pido un café con leche mientras transcribo estas notas. El Barça ha terminado. Ponen un disco de Queen.

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Francesc Parcerisas (a quien debemos, entre otras, la versión catalana de El señor de los anillos y la recién premiada Winesburg, Ohio de Sherwood Anderson) estará mañana a las 18.30 h en la Biblioteca Central Xavier Amorós de Reus para hablar de su traducción de Las aventuras de Arthur Gordon Pym. En castellano existen más versiones de las que puedo contar, incluida una de Julio Cortázar, mientras que en catalán, hasta donde se me alcanza, sólo existe otra, firmada hace años por Roser Berdagué, galardonada hace poco con el Premio Nacional de Traducción.

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La situación es la siguiente: María y yo almorzando ayer en la plaza del Sol. «¿Has visto La Vanguardia? –me pregunta–. Sale una entrevista con Javier Guerrero, que ha traducido un libro del esperanto.» Por poco se me cae el tenedor y desparramo el tabulé por la mesa.

A Javier Guerrero le debo el haber empezado a traducir libros, allá por 2004, cuando trabajaba para Ediciones B. Yo sabía que traducía del inglés y que tenía habilidades ocultas, gracias a las cuales pudo echarme una mano con unas dudas de ruso y polaco surgidas durante mi trabajo con La piel. Pero confieso que lo del esperanto me pilla por sorpresa. Nada más llegar a casa, corro raudo a leer la entrevista. El libro es La liberación del juez, de Ferenc Szilágyi, y publica Alpha Decay en edición bilingüe.

El viernes tenemos cena navideña de traductores. Creo que Javier tendrá que responder muchas preguntas durante los cócteles…

Para ilustrar el post, creo que nada mejor que esta canción de Freundeskreis, titulada, obviamente, «Esperanto».

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En el capítulo VII de La piel, Malaparte describe a las que él llama las «pitonisas» de Capri:

Lucían largas chaquetas de tweed de color tabaco quemado, capas de terciopelo morado y, envueltos en torno a su arrugada frente, altos turbantes de seda blanca o roja con abundantes broches de oro, piedra dura y perlas que les conferían cierto parecido con la sibila cumana de Domenichino. Se vestían, además, no con falda, sino con pantalones holgados de terciopelo de Lyón de color verde o turquesa, de los cuales sobresalían unos pies menudos calzados con sandalias de oro como los piecitos de las reinas en las miniaturas góticas de los libros de horas. Estas ropas, sumadas a su actitud hierática, les daban aspecto de sibilas o pitonisas, y por tal nombre se las conocía comúnmente.

La sibila cumana de Domenichino es esta:

Y al verla no pude evitar compararla con una famosa foto de Djuna Barnes:

Las pitonisas, sin embargo, se inspiraban en la marquesa Luisa Casati; en el mismo capítulo leemos:

Anticuado era su gusto en el vestir, todavía inspirado en los modelos que la marquesa de Casati había hecho célebres en toda Europa treinta años antes.

Ciertamente, la marquesa era todo un personaje, como puede apreciarse en este retrato:

En el párrafo que he citado no se nota especialmente, pero Malaparte tiene un ramalazo misógino que, unido a sus reflexiones sobre la homosexualidad (de las que no me ocuparé aquí, al menos no hoy), darían mucho que hablar a la crítica psicoloanalítica. En el momento en que Malaparte escribe su novela, mujeres relacionadas con los círculos artísticos, como Casati en Italia y Barnes en Francia, llevan años reformulando el concepto de feminidad, a menudo a través de la parodia, la ambigüedad y el travestismo. Malaparte, que en el fondo era un clásico (o un defensor del patriarcado heterosexualista, por decirlo en la jerga de los estudios de género), no podía por menos que sentir indignación ante esas dandis femeninas.

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Confieso que, aunque el blog ha ido actualizándose, en las últimas semanas no le he dedicado todo el tiempo que hubiera querido. La revisión de La piel me ha absorbido más de lo previsto.

Personalmente prefiero que la primera versión de una traducción quede lo más pulida posible; aun así, al releer sobre el papel (últimamente me da por imprimir) descubres que por fin comprendes con claridad meridiana aquella frase que te aturulló días enteros, el cotejo con el original te hace ver que incomprensiblemente te saltaste una palabra, y hasta una frase entera, enmiendas erratas, cortas, añades, reformulas… Al final el Corripio saca humo y el folio te queda hecho una maraña de borrones, tachaduras, flechas y apuntes indescifrables. Lo cual no sería tan grave de no haber otros trescientos folios aguardando su turno. Es también el momento de limpiar el texto: quitar los signos y colorines con los que te dices «No me gusta», «Ni p*** idea», «Pregúntale a María», «Busca a un napolitano y que te lo explique», etcétera; el momento de eliminar los comentarios con que te recuerdas cuál era la justificación para emplear tal o cual palabra, o cuál era la fuente de este o aquel pasaje.

Tras corregir la primera revisión me dediqué a releer pasajes sueltos para ver qué tal sonaban, sobre todo los periodos largos (en Malaparte las frases de cien palabras con varios grados de subordinación campan por sus respetos), las descripciones y los pasajes que recordaba más conflictivos. Total, que releyendo, releyendo, terminé volviendo sobre el libro entero y corrigiendo lo ya corregido.

Decía el bueno de Borges que la noción de texto definitivo pertenece a la religión o al cansancio. Yo añadiría también el plazo del editor. Conste que en este caso lo digo como algo positivo, pues de no mediar tal plazo, me temo que habría seguido releyendo y retocando compulsivamente hasta que a algún amigo le hubiera dado por sacarme en El diario de Patricia, a ver si se me pasaba la tontería. Al final sólo han sido tres semanas de retraso.

Total: que Malaparte, c’est fini. Empezó hace un año exacto en el añorado Berlín y termina ahora en Barcelona. De todos modos no cantéis victoria, ladrones: el blog continúa y Malaparte no se marcha.

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Biblioteca de Traducciones EspañolasLa Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes tiene una sección dedicada a la traducción: la Biblioteca de Traducciones Españolas, donde, aparte del texto completo de algunas traducciones raras y antiguas (verbigracia La escuela de los maridos de Molière vertida por Moratín), pueden encontrarse estudios específicos (de la traducción de Horacio de Tomás de Iriarte a la traducción de Astérix al español) y la versión .pdf íntegra de la Historia de la traducción en España, dirigida por Francisco Lafarga y Luis Pegenaute (Salamanca, Ambos Mundos, 2004). Para sumergirse y chapotear en busca de curiosidades.

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