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Hoy, en Malapartiana, tenemos firma invitada. Como parecía que no iba a volver a publicar entrevistas en el blog, Raquel ha decidido tomar la iniciativa y me ha robado un pedacito de blog para charlar de traducción con la escritora gallega Iolanda Zúñiga. Aquí va, sin más preámbulos.

ENTREVISTA POST-IT A IOLANDA ZÚÑIGA, por Raquel Aquino

Iolanda Zuñiga 1Conocí la obra de Iolanda Zúñiga gracias al Club de Lectura de Galego de la EOI-Drassanes cuando nos propusieron leer Vidas Post-it. Inmediatamente me hice muy fan de ella y de su forma de escribir: no tiene pelos en la lengua, no se corta, no usa eufemismos, dice lo que tiene que decir y además lo hace con una inmensa gracia.

Iolanda nació en Vigo, tal y como ella dice, «como fruto del baby-boom de los años 70». Es profesora de educación musical, forma parte de un grupo de música medieval infantil llamado Murmel-bruxas, ha sido titiritera, asistente de librería y camarera. Su primer libro, Vidas Post-it, fue publicado en 2007 por por Edicions Xerais. En 2008 publica un poemario titulado Amor amén y, en 2010, el libro que la hizo merecedora del Premio Xerais: Periferia.

En el Club de Lectura nos dedicamos a desmenuzar Vidas Post-it con la ayuda de Helena González Fernández, profesora de Literatura Gallega en la Universidad de Barcelona y nuestra profesora de gallego en la EOI-Drassanes, Ana Escourido. El libro me enamoró desde la primera página; la autora presenta múltiples personajes de una sociedad en decadencia a lo largo de una cuarentena de pequeños relatos que parecen fotografías, escritos con una prosa oscura y bellísima; personifica temas como la soledad, la cobardía, el conformismo, la drogodependencia y la decepción.

Inmediatamente supe que tenía que contactar con ella; ¿el pretexto? Hablar sobre la traducción del libro. Por eso terminamos haciendo una entrevista bastante post-it por Facebook.

Lo primero que me interesaba saber era qué sentía al ser traducida al castellano por otra persona cuando técnicamente ella también es capaz de hacerlo. La respuesta fue tajante:

Non, xamais autotraducirei. Buf, só de pensalo… Temos magníficos tradutorxs, que adoitan ter máis mérito que os propios escritorxs, xa que deben reinterpretar o libro ou obra en cuestión sen tela creado eles. Ademais, a min suporíame pasar dúas veces pola mesma tortura de repensar dúas veces o mesmo. Sonche algo perfeccionista, e iso de tirar pa’ diante non me gusta. Así que, unha tradución esixiríame dedicación excesiva sobre o mesmo texto.

Para Iolanda es un alivio ser traducida porque no se cree capaz de volver a un texto que escribió hace tantos años; todos sabemos que la manera de escribir va cambiando con el paso del tiempo y, en su caso, sentiría «desgana, tal vez pudor» al ver tantas diferencias que separan ese texto de los actuales. La idea de que alguien más la tradujera al castellano fue de la editorial Pulp Books y, evidentemente, ella no puso ningún pero.

Me interesaba saber cómo había sido su participación en el proceso de la traducción. Y también me respondió rotundamente que a ella no le gusta meterse en eso. En el caso de la traducción al castellano (de Moisés Barcia), la editorial le envió las pruebas para que ella les diera luz verde (vamos, que la obligaron a meterse). En la traducción al catalán (de Esteve Valls i Alecha), nunca tuvo contacto con el traductor, pero realmente es algo que ni le importa ni le incomoda. Y en la traducción al euskera (de Íñigo Roque Egusquiza) que se publicará en los próximos meses, sólo le contestó al traductor unas dudas muy puntuales.

Eu tento darlle liberdade absoluta ao tradutor, sempre. Teño moito apego ao texto no proceso da escrita, pero, unha vez publicado en galego, sinto que xa non me pertence e que calquera tradutor que se achegue a el vai melloralo aportando outra visión e outros matices na lingua ao que vai ser traducido.

En fin, que eso de autotraducirse no le va a Iolanda. Aunque controla hasta el último milímetro de sus originales, confía en que los traductores aportarán el ingenio que hace falta para la versión traducida.

Iolanda Zuñiga 2

El Club de Lectura no sólo me sirvió para conocer la obra de Iolanda Zúñiga (por cierto, tengo Periferia entre mis lecturas pendientes), sino que me enteré de la existencia de un grupo de editoriales gallegas maravillosas como Edicions Xerais, Rinoceronte Editora y Pulp Books (increíble: únicamente literatura gallega en castellano y en catalán). Y además, me dio la inspiración para pedirle a David un pedacito de su blog para escribir esta entrada sobre la autotraducción.

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El diario El 9 Nou publica en su edición del 19 de julio una entrevista breve pero decente de Josep Mas al traductor de películas Ricard Sierra. Destaco unas cuantas frases, sólo por provocar:

En castellano son más laxos. Considero que el catalán que vemos en el cine es excesivamente correcto.

Si el original es muy bueno, el traductor se puede lucir más. Pero es difícil mejorar un mal original con una traducción.

La mejor traducción es la que no se nota.

Visto en el blog de Kobalt Languages. Pronto (canícula volendo), más sobre traducción audiovisual.

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He leído con fruición las entrevistas de Sergi Bellver y José A. Muñoz a los responsables de varias editoriales de reciente creación: Alfabia, Nevsky Prospects, Impedimenta, Ático de los Libros y Periférica.

Cosas que me han llamado la atención: la pregunta fija de cuántas correcciones sufre cada libro, la importancia de la traducción (en la entrevista a la gente de Nevsky), que en ningún momento la entrevista se convierta en excusa para largar bochornosos autopanegíricos y la agradable noticia de que Ático de los Libros (a quienes no conocía ni de nombre) acaba de publicar un libro de mi querido Viktor Shklovkski.

Muy recomendables.

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Hace unos días, el responsable del Proyecto Seléucida tuvo a bien entrevistarme a propósito de la nueva edición castellana de Kaputt. A continuación, el texto íntegro de la entrevista:

Pregunta: David, no has cumplido los 30 y ya has sentado cátedra traduciendo modélicamente Kaputt, una obra mayor del siglo XX. Esto tardará años en superarse, como mínimo hasta que aparezca la edición definitiva italiana; viendo el panorama editorial, ni está ni se la espera.

Respuesta: Haber lidiado con Kaputt sin haber cumplido los 30 es un lujo que nunca me atreví a esperar. Malaparte y yo, además, teníamos una historia que venía de lejos. No creo que haya sentado cátedra ni que nadie pueda sentarla hablando de traducir literatura, tanto menos cuando se trata de un texto de la complejidad de Kaputt, que como bien dices no dispone todavía de un texto crítico satisfactorio. Hace poco recibí la nueva edición de la casa Adelphi (aparecida mientras yo terminaba mi traducción) y sigo encontrando flecos por cortar. Teniendo en cuenta el actual panorama editorial y el poco predicamento de que goza en general la crítica textual, no creo que el problema vaya a resolverse en los próximos años.

Pregunta: Malaparte no sólo tenía un italiano rico y cargado de inesperados tintes poéticos sino que, además, sazonó el texto con multitud de términos extranjeros. Hay incluso diálogos completos en francés o alemán, por ejemplo, sin traducción a pie de página. No obstante, lo mismo hizo Tolstói con Guerra y paz. ¿Crees que Malaparte pretendía redactar, en cierto sentido, una novela que fuera a la 2ª Guerra Mundial lo que dicha obra rusa es a las Guerras Napoleónicas?

Respuesta: El estilo de Malaparte es contradictorio. Su vocabulario es relativamente reiterativo, su riqueza está más en la sintaxis y en la repetición extenuante de determinados conceptos y pasajes. En cuanto a Tolstói, en Kaputt no lo menciona. Sí menciona a Proust. Se me ocurre que Malaparte, que era un megalómano de tomo y lomo, trataba de emular a su manera al autor de En busca del tiempo perdido, retratando determinados círculos sociales y creando una tensión constante entre realidad y ficción, acrecentada por la presencia de un protagonista homónimo del autor. Sin duda estaba convencido de que estaba escribiendo la gran novela sobre la guerra, sobre una guerra que en cierto modo presentía que era todas las guerras.

Pregunta: Me ha sorprendido la fluidez del texto. Servidor se esperaba otra cosa, no una narración cargada de un dominio magistral de la ironía, y por si fuera poco alrededor de hechos reales, aunque quizá convenientemente retocados para no romper el ritmo narrativo. ¿Cuál es la percepción estética que de dicho novelón tienen los lectores actuales en Italia?

Respuesta: Creo que Malaparte ha tenido una reputación parecida en Italia y en España. Cuando se habla de él casi siempre sale a relucir su vinculación al fascismo. Nunca se le ha tenido por un estilista, basta con mirar la bibliografía especializada: de los ensayos citados por Luigi Martellini en la edición de Mondadori, apenas un par se centran en el análisis estrictamente estilístico. No obstante, leyendo las reseñas de la prensa italiana de un año a esta parte parece que la tendencia está cambiando. Tal vez porque pasados los años ya no despierta viejos demonios morales y políticos.

Pregunta: Hablemos de la otra percepción, la política. Malaparte no dejaba de ser un enviado de Il Corriere della Sera al frente oriental. Es decir, la Italia fascista enviaba a un periodista afín (o supuestamente afín) a entrevistarse con autoridades de la talla de Agustín de Foxá, embajador de Franco en Finlandia, o del mismísimo Heinrich Himmler. ¿Cómo se ve todo eso en la Italia actual?

Respuesta: Malaparte correteó por Europa con un cargo a medida: dado que no formaba parte del partido, no podía ejercer como periodista, pero su amigo el ministro Ciano le arregló un puesto de capitán (pues al fin y al cabo era veterano de la Primera Guerra Mundial) adscrito a la Oficina de Prensa del Estado Mayor. Como se ve, estaba muy bien relacionado y supongo que eso le abrió muchas puertas.

Como decía en la pregunta anterior, la percepción política de Malaparte suele ser la del fascista. Era más bien un arribista. Un ejemplo: otro corresponsal, Lino Pellegrini, asegura que al principio Kaputt era una novela proalemana, y que su enfoque cambió al ver que la victoria aliada era inevitable. Todo esto ha hecho que sea un autor incómodo y de difícil adscripción, y esto se nota en la atención relativamente superficial que se le ha dedicado en las historias de la literatura, que como cualquier producto cultural son también expresión de una concepción política. Pero como decía, creo que soplan vientos de cambio.

Pregunta: Malaparte comenzó a escribir Kaputt en Pestchanka (Ucrania) en agosto de 1941 y la terminó en Punta del Massullo (Capri) en septiembre de 1943. El texto está claramente marcado en tanto que memorias de guerra, por no decir que está compartimentado en secciones que son un cuento dentro de otro cuento, a la manera clásica. Hay que mantener en vilo el sentido de la hilación narrativa e imagino que, en ese sentido, la traducción te ha exigido un esfuerzo considerable.

Respuesta: Quisiera aclarar que la datación que da Malaparte en la novela no es exacta, sino un artificio más. Según uno sus biógrafos, Giordano Bruno Guerri, es probable que la redacción se prolongara hasta primavera de 1944. La traducción de Kaputt es ardua por múltiples razones, pero la discontinuidad entre capítulos no ha sido lo peor, en parte porque el autor pone mucho cuidado en que no se pierda la cohesión. Es una novela muy dispersa y a la vez muy orgánica.

Pregunta: ¿Qué planes de futuro tienes? ¿Hay algo más que vayas a publicar en Galaxia Gutenberg? ¿Acaso el mismo de Malaparte pero en catalán?

Respuesta: Yo soy traductor de trinchera, trabajo con lo que me ofrecen; Malaparte fue una iniciativa de Galaxia Gutenberg, no mía. Una feliz coincidencia. Actualmente estoy pendiente de revisar las pruebas de otra de Malaparte, La piel (que debería aparecer próximamente en Galaxia Gutenberg); también estoy traduciendo un ensayo sobre el expolio artístico nazi en Europa y preparando un artículo sobre Malaparte para un congreso. Luego espero tomarme unas vacaciones, que llevo un año y medio con la lengua fuera. Publicar a Malaparte en catalán sigue siendo una tarea pendiente. Ojalá alguien se liara la manta a la cabeza un día de éstos, porque hay traductores excelentes de italiano al catalán que harían una labor infinitamente mejor que la mía.

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