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Archive for 27 noviembre 2009

Hace unos días hablaba aquí mismo de la nueva traducción catalana de Il gattopardo. Por puro azar encuentro ahora en la biblioteca del barrio El guepard 1970 de Lluís Juste de Nin (Alicante, Edicions de Ponent, 2008), una incisiva adaptación en formato cómic (novela gráfica la llaman algunos que van de sibaritas) del clásico de Tomasi di Lampedusa. Más que la novela, Nin sigue el hilo de la película de Visconti, cambiando los personajes de la Sicilia de la unificación por los de la Cataluña postindustrial de finales del franquismo y la transición: así, el trepa Tancred milita aquí en Bandera Roja, y el honor que el viejo gatopardo rechaza no es un escaño en el senado, sino la Creu de Sant Jordi. El autor tiene hasta el detalle de incluir un guiño a Llorenç Villalonga, primer traductor de la novela al catalán, al mostrarnos al patricio Salina en la cama leyendo Bearn. Extraordinario.

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Gabriel me ha visto el plumero. Después de hablar de Nuremberg y de Marilyn, me recuerda otra efeméride: hoy se cumplen 150 años de la aparición de El origen de las especies: «Se imprimieron 1.250 ejemplares que se agotaron en el acto. Una segunda edición de 3.000 ejemplares se puso a la venta el 7 de enero de 1860». Sobre la recepción de Darwin en España, el propio Gabriel escribió esto. Da gusto tener lectores atentos…

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Gracias al telediario de ayer caigo en que se cumplen cincuenta años del estreno de Some like it hot (Billy Wilder, 1959), una de las películas que siempre aparecen en las consabidas pláticas sobre la traducción de títulos de libros y películas con las que periódicamente se nos tortura a los traductores (que al fin y al cabo, en materia de títulos, ni pinchamos ni cortamos).

¿De dónde viene el título? Por lo que parece se trata de unos de esos casos de referente múltiple: en rigor, es un verso de una canción infantil. Hay varias versiones, pero la del Oxford Dictionary of Nursery Rhymes de Opie y Opie lee:

Pease porridge hot, pease porridge cold,
Pease porridge in the pot, nine days old;
Some like it hot, some like it cold,
Some like it in the pot, nine days old

La polisemia de hot añade complicaciones: literalmente significa ‘caliente’, con todos sus dobles sentidos, pero dentro del jazz también designa el estilo dixieland de entre 1910 y 1930, que es lo que suena en la película (no por nada ambientada en el Chicago de la prohibición).

Como todo el mundo sabe, el título castellano en España es Con faldas y a lo loco (que a un servidor le sigue pareciendo un invento chiflado y exquisito, y ya pueden decir misa). Veamos la suerte que ha corrido la película en otras versiones: Francia (Certains l’aiment chaud), Alemania (Manche mögen’s heiß), Italia (A qualcuno piace caldo) optan por la literalidad. Curiosamente, las versiones danesa (Inger er fuldkommen) y catalana (Ningú no és perfecte) coinciden en usar la frase del final para el título. Volviendo al castellano, los cubanos la conocen como Algunos prefieren quemarse y los argentinos como Una Eva y dos Adanes. Y para más inri, el título provisional en inglés fue Not Tonight, Josephine!, lo que me hace sospechar que el título debió de ser una ocurrencia de última hora.

¿Que cuál me gusta más? Buf, no sé, a mí es que me gusta Marilyn…

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Tal día como hoy, hace 64 años, empezaban en la ciudad de Núremberg los famosos juicios contra la cúpula nazi. Trasteando por la red he dado con un vídeo sobre el sistema diseñado por IBM para realizar la interpretación simultánea durante las sesiones. Recordemos que nunca hasta entonces se había hecho lo que hoy conocemos como interpretación en cabina; es normal que surgieran fallos. Por eso me parece curioso (y loable) que no se haya suprimido el momento (hacia el final, en 9:25) en que el testigo del estrado se señala el auricular y dice: «Ça fonctionne pas».


Por cierto: Richard W. Sonnenfeldt, jefe de intérpretes para la acusación norteamericana durante el proceso, murió el pasado 9 de octubre, a los 86 años. Hacía poco que había publicado el libro de memorias Witness to Nuremberg (Nueva York, Arcade, 2006). Y hablando de libros, existe otro que trata exclusivamente sobre la interpretación en Núremberg: The Origins of Simultaneous Interpretation: The Nuremberg Trial, de Francesca Gaiba (Toronto, University of Toronto Press, 1998).

Apunte final: la película Vencedores o vencidos (Judgement at Nuremberg, 1961) recrea también el trabajo de los intérpretes, aunque sólo al principio, por motivos obvios de ritmo narrativo.

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La compañera Desconvencida se me avanzó hace varias semanas a la idea de comentar la traducción de Leonard Cohen del «Pequeño vals vienés» de Federico García Lorca, así que me limitaré a remitiros a su post.

Como estas semanas Lorca es noticia por los trabajos de exhumación de sus supuestos restos, añado también el enlace a la foto de su fosa en la peculiar web Find A Grave, cortesía de Juan Gabriel López Guix.

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Auster-Chateaubriand
No es un secreto que Paul Auster ha sido traductor esporádico de grandes nombres de la literatura francesa: Mallarmé, Sartre, Blanchot… Por eso me sorprenden, por superficiales, las reflexiones del protagonista de El libro de las ilusiones al embarcarse en la traducción de las Memorias de ultratumba de Chateaubriand (que en la novela reciben el título de Memorias de un muerto). Ahí va un párrafo representativo (en traducción de Benito Gómez Ibáñez, Barcelona, Anagrama, 2003, págs. 79-80):

Así que lo preparé todo y me puse a trabajar otra vez. Me olvidé de Hector Mann y pensé únicamente en Chateaubriand, enfrascándome en la monumental crónica de una existencia que no tenía nada que ver con la mía. […] Gran parte del trabajo era mecánico, y como yo era el sirviente del texto y no su creador, me exigía un esfuerzo de distinta especie del que había realizado al escribir El mundo silencioso. Traducir es un poco como echar carbón. Se recoge con la pala y se lanza al horno. Cada trozo es una palabra, y cada palada es otra frase, y si se tiene una espalda recia y suficiente energía para seguir con la tarea ocho diez horas seguidas, se podrá mantener un buen fuego. Con cerca de un millón de palabras a la vista, me sentí preparado para trabajar incansablemente el tiempo que fuese necesario, aunque el resultado fuese incendiar la casa.

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AF B-24 LiberatorComenté hace unas semanas un caso de «censura por adición» en La pelle. Hoy voy a comentar el caso opuesto. En el capítulo VIII de la novela, Malaparte describe la actitud de los nobles napolitanos durante los bombardeos americanos. Cito (ed. Martellini, pág. 1.217):

[Q]uei vecchi gentlemen, che al rombo dei bombardieri americani alzavano annoiati gli occhi al cielo, mormorando, con un ineffabile sorriso di disdegno: «eccoli, quei cafoni».

La traducción española de Manuel Bosch Barrett (a quien algún día dedicaremos un post) lee (pág. 298):

[A]quellos viejos gentlemen que al roncar de los bombarderos americanos alzaban los ojos al cielo murmurando con una inefable sonrisa de desdén: «Ahí están esos cabrones».

El cafone es más bien un cateto, un palurdo una «persona rozza, villana o maleducata» (Zingarelli 2008); de ahí al cabrón… A primera vista no es tan grave: a fin de cuentas se trata de un salto (con pértiga) en la intensidad del adjetivo. La cuestión no tendría mayor relevancia de no ser porque en otras partes la traducción Bosch Barrett tiende precisamente a lo contrario: a atenuar, a conservar cierto decoro, aun a pesar de que Malaparte es mal autor si lo que uno quiere es guardar las formas (de aquí los numerosos casos de censura tanto en La pelle como en Kaputt).

Se me ocurren dos explicaciones: a) Bosch Barrett no podía ver a los yanquis y aprovecha la ocasión para cargar las tintas contra ellos; b) el traductor se deja llevar por cierto parecido morfológico entre cafone-cabrón (no sería un caso único: tengo registrados otros en los que Bosch Barrett, tal vez traduciendo un poco aprisa, opta por equivalentes formales,  que no semánticos o funcionales). Servidor, que suele ser partidario de las cock-up theories (o teorías del enredo), se decanta por la segunda.

Propina: el caso me ha recordado una canción del Piotta titulada precisamente «Supercafone». Sonaba en Italia durante mis tiempos ahí, aunque, por suerte para el bien común, nunca llegó a España. Con ella os dejo:

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Hoy, un pequeño ejercicio de comparatismo. En el capítulo XVIII de Kaputt, Malaparte recrea un diálogo en el que se pone de relieve el efecto contrario que puede tener la propaganda de guerra cuando va dirigida a una población desmoralizada que ha dejado de sentirse identificada con la causa y sus líderes:

–Oh, ¿pero qué os pasa hoy a todos? –dijo Lavinia–. ¿Es por la guerra que estáis tan nerviosos?
–¿La guerra? –dijo Anfuso–. ¿Qué guerra? A la gente le importa un bledo la guerra. ¿No habéis visto los carteles que Mussolini ha mandado colgar en todas las tiendas y en las paredes de las calles? –Se refería a unos grandes carteles a tres colores en los que se leían, en letras cúbicas, las palabras: «Estamos en guerra»–. Menos mal que nos lo ha recordado –añadió Anfuso–, porque ya nos habíamos olvidado.

El cartel (que debajo rezaba: «No pidas más de lo que te corresponde») es éste:Siamo in guerra
Y creo que viéndolo se entiende que resultara ofensivo para una población que llevaba varios años de guerra a cuestas.

El motivo del cartel y la propaganda sentida como insulto aparece también en La plaça del diamant de Mercè Rodoreda, en cuyo capítulo XXXIII leemos:

El darrer hivern va ser el més trist. Se’n duien els nois de setze anys. I les parets estaven plenes de cartells i jo, que no havia entès aquell cartell que deia que havíem de fer tancs, i que amb la senyora Enriqueta ens havia fet riure tant, si en quedaba algún tros per alguna paret, ja no em feia riure gens.

[El último invierno fue el más triste. Se llevaban a los muchachos de dieciséis años. Y las paredes estaban llenas de carteles y yo, que no había entendido aquel cartel en el que ponía que teníamos que hacer tanques, y del que tanto nos habíamos reído con la señora Enriqueta, si quedaba algún pedazo por alguna pared, ya no me hacía reír en absoluto.]

Feu tancs
La situación es parecida a la anterior: un mensaje supuestamente alentador corre el riesgo de alimentar motines en los ánimos encendidos de una población desesperada. El cartel en cuestión debió dar que hablar, como se deduce de este pasaje de Incerta glòria, la brutal novela de Joan Sales (tercera parte, al final de la sección II):

Davant mateix de la taberna, a l’altra banda del carreró, hi havia una porta alta i estreta que m’havia cridat l’atenció perquè tot al voltant, enganxats a la paret, tenia diversos exemplars del mateix cartell: Liberatorios de la prostitución; jo ja l’havia vist durant les meves anades i vingudes pels carrers de Barcelona al costat d’aquell de Feu tancs, tancs, tancs i de tants altres de justament cèlebres.

[Delante mismo de la taberna, al otro lado del callejón, había una puerta alta y estrecha que me había llamado la atención porque alrededor, pegados a la pared, tenía varios ejemplares del mismo cartel: Liberatorios de la prostitución; yo ya lo había visto durante mis idas y venidas por las calles de Barcelona al lado de aquel de Haced tanques, tanques, tanques y tantos otros justamente célebres.]

Para los que le interese el cartelismo de guerra, recomiendo echar un vistazo a la colección Fornas del Parlamento de Cataluña.

Ah, me olvidaba: el otro cartel que menciona Sales es éste:

Liberatorios de prostitución

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Le quattro giornate di NapoliAsí se conoce la insurrección popular que en cuatro días (del 27 al 30 de septiembre de 1943) logró expulsar a los nazis de Nápoles, antes de la llegada del ejército aliado. En La piel, al principio del capítulo II, Malaparte evoca esos días de lucha:

Hacia finales de diciembre, cuando los alemanes empezaron con las «razias» de hombres por las calles, a los que cargaban sobre sus camiones con el fin de llevárselos a Alemania como cuadrillas de esclavos, el pueblo napolitano, incitado y liderado por grupos de mujeres enfurecidas que gritaban «Li ommene no!», se arrojó, sin armas, contra los alemanes, los acorraló y masacró en los callejones aplastándolos desde lo alto de los tejados con avalanchas de tejas, piedras, muebles y agua hirviendo. Pandillas de muchachos animosos se lanzaban contra los Panzer sujetando gavillas de paja en llamas y morían prendiendo fuego a aquellas tortugas de acero. Muchachas de aspecto inocente ofrecían con una sonrisa racimos de uva a los alemanes asediados, encerrados en el vientre de los tanques, caldeados por el sol; y en cuanto éstos levantaban la escotilla de la torreta y se asomaban para recoger el cordial obsequio de los racimos, pandillas de muchachos emboscados los exterminaban con una lluvia de granadas de mano arrebatadas a los enemigos muertos. Fueron muchos los muchachos y niñas que dejaron la vida en esas crueles y generosas estratagemas.

Muchos de estos «muchachos» eran los llamados scugnizzi, niños de la calle, a algunos de los cuales fue otorgada la medalla de oro al valor militar. A ellos va dedicada esta canción de los MusicaStoria, montada sobre imágenes de Le quattro giornate di Napoli, el peliculón que Nanni Loy dirigió en 1962 y donde se ven muchos de los detalles de los que habla Malaparte. Más que recomendable.

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Las novelas de Malaparte darían para una edición ilustrada. En estos meses he llegado a reunir un buen número de imágenes que me han servido para complementar la lectura de Kaputt y La piel, y, en no pocos casos, para saber de qué demonios estaba hablando exactamente el amigo Curzio.

Un ejemplo. En Kaputt escribe de Ante Pavelić (ed. Martellini, pág. 774):

Observé su rostro largo, liso, de líneas duras y toscas. Sus ojos brillaban con un fuego negro y profundo en medio de la tez pálida, de un color vagamente terroso. Su rostro llevaba impresa la huella de una indefinible estupidez, aunque ésta emanara quizá de sus enormes orejas, que, vistas de cerca, parecían todavía más grandes, ridículas y monstruosas que en los retratos.

Y pensando: «Exagerado…», me lanzo raudo a buscar fotos del «angélico» líder croata:

Ante Pavelić

Pues no, no exageraba.

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