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Archive for 28 octubre 2010

El mundo moderno ha sustituido la duración y la demora por el culto a lo efímero y el goce instantáneo. Éste es uno de los principales lugares comunes, si no el mayor, de la aproximación humanista al problema que nos ocupa. Al menos desde la Escuela de Frankfurt y hasta Zygmunt Bauman se extiende una larga tradición que lamenta el carácter pasajero de nuestros días y clama por un retorno a formas premodernas de vivencia de los mismos […].

Esta tradición se ha presentado siempre como resistente, es decir, como pensamiento alternativo a la cronología dominante. Pues bien: acaso en mala hora, presentaré aquí un argumento que está en el origen de este libro: aunque parezcan minoritarios, esa clase de discursos son, en verdad, populares y exitosos. Su fortuna está en la base de la cultura de masas. En efecto, esta idea de la actividad creativa como remanso de paz privada frente al sindiós de la moda y la tecnología es uno de los presupuestos mayores del escaparate cultural contemporáneo. […] En primer lugar porque sigue vivo y coleando el presupuesto romántico sobre las capacidades redentoras de la creatividad. […] De ahí a la segunda razón, que Umberto Boccioni explicó de manera modélica […]. Boccioni se lamentaba al constatar que el ciudadano que vive en un mundo futurista (¡trenes, aeroplanos, ruido y velocidades!) es también, voto a Bríos, un espectador passatista. […] Mutatis mutandis, el diagnóstico de Boccioni sigue siendo válido para nuestra época: el público que vive en el ciberespacio, en los blogs y en los iPhones suele esperar de la experiencia estética que le muestre otro mundo temporal.

El fragmento (algo extenso, se siente) pertenece a Homo Sampler de Eloy Fernández Porta, que debo admitir me ha interesado más de lo que al principio hubiera creído. En él se describe con sencillez y eficacia un fenómeno observamos de forma periódica cada vez que se manifiesta un gran cambio: el quintacolumnismo humanista. Ejemplos, lamentablemente, los hay a patadas: Bloom el cabalista chespiriano vs. los estudios culturales, el tardío desembarco de la posmodernidad en España (y su aún más tardía extinción: algunos todavía no se han dado por enterados). No son exclusivos de este tiempo: ya Platón denostaba la escritura y Lukács juró y perjuró que Kafka y Joyce eran al arte lo que la marcha militar a la música (bueno, no en estos términos).

Ojalá el humanismo meditara mejor sus estrategias y renunciara a las jeremiadas apocalípticas. Ojalá los posmodernos fueran algo menos memos y algo menos cínicos con respecto a su posición (nuestra posición) en la historia. Magari, magari… Y es que, como decía Terry Eagleton:

Hoy en día los carrozas que trabajan en las alusiones clásicas de Milton miran con recelo a los jóvenes turcos ensimismados con el incesto y el ciberfeminismo. Los brillantes jovencitos que redactan artículos sobre el fetichismo de los pies o la historia de la bragueta miran con desconfianza a los escuálidos y ancianos eruditos que se atreven a sostener que Jane Austen es mejor que Jeffrey Archer. Una ferviente ortodoxia deja paso a otra.

(Fuentes: Eloy Fernández Porta, Homo Sampler. Tiempo y consumo en la Era Afterpop, Barcelona, Anagrama, 2008, págs. 159-160. ¶ Terry Eagleton, Después de la teoría, Barcelona, Debate, 2005, Ricardo García Pérez, trad., pág. 15.)

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Me informa la amiga Esther de que empieza en Barcelona el ciclo «Edicció: Diálogos con Traductores, Agentes y Scouts Literarios». Los invitados de hoy son los traductores Lluís M. Todó (traductor de Baudelaire, Flaubert y Maupassant, entre muchos otros), Dolors Udina (quien ya pasó por el blog) y Jordi Nopca (traductor al catalán de las novelas del recién descubierto David Monteagudo). A las 19.30 h en Laie (Pau Claris, 85). Si alguien se anima, quizá nos veamos.

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El gabinete de prensa de Malapartiana es limitado, pero servidor se entera de todo. Por ejemplo de que Babelia publicó un breve artículo de Javier Aparicio Maydeu sobre algunos de los libros de Malaparte que a día de hoy pueden encontrarse en las librerías españolas.

O de que The Independent dedicó unas cuantas líneas a las amigas (y amigo, lo de las «seven women» que pone en el artículo es un patinazo) de Anuvela, de quienes ya hablamos hace un tiempo, por su traducción de Un mundo sin fin de Ken Follett.

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No pienso hablar de la demencial forma de conducir de los neoyorquinos, ni del acoso al que me sometieron los judíos ultraortodoxos en Brooklyn, ni siquiera de esa tarde feliz ante la estatua de Alicia en Central Park. Sí diré que durante mi estancia en Nueva York –y gracias a la recomendación del amigo Rosell– he tenido la suerte de alojarme en Chelsea, el barrio en torno al cual gira buena parte de The Elusive Embrace de Daniel Mendelsohn, unas memorias en las que, a hombros de la tradición clásica, el autor intenta hallar respuestas al acertijo de la propia identidad.

Compré el libro de Mendelsohn (de quien nada sabía, aunque en varios escaparates de Nueva York ya había visto su How Beautiful It Is and How is Easily It Can Be Broken) en el Book Trader Café de New Haven, una librería-café de sosegada atmósfera en la que entré con la simple intención de comerme una ensalada. (Sosegado, y algo artificial, como precocinado, es casi todo en el campus de Yale, como por lo demás en el resto de grandes distritos universitarios: Georgetown, Columbia, incluso la aguatintosa Oxford.) Hojeándolo, vi que Mendelsohn habla de Sófocles y Safo, de Catulo y de Ovidio, con esa despreocupación y sencillez de quien sabe que los antiguos habitan más allá de las páginas de las ediciones eruditas. Párrafos como el que sigue, además, bastan para llamar la curiosidad de cualquier traductor:

One of the first things you learn when you learn classical Greek […] is the existence of two untranslatable monosyllables […] whose presence in any given sentence tells you about the balance of that sentence, what its rhythm and, ultimately, its meaning will be. […] The first of these particles, which is transliterated as men, is always the second word of the first, x part of a sentence, and the second, which is rendered as de, is always the second word of the second, y clause. When you’re a beginning Greek student, you’re told to translate the first of these as «on the one hand», and the second as «on the other,» but each, by itself, means nothing, really […]. If you spend enough time reading Greek literature, that rhythm begins to structure your thinking about other things too. […] What is interesting about this peculiarity of Greek, though, is that the men…de sequence is not always necessarily oppositional. Sometimes–often–it can merely link two notions or quantities or names, connecting rather than separating, multiplying rather than dividing. […] Inherent in this language, then, is an acknowledgement of the rich conflictedness of things.

La operación introspectiva que rige la narración describe continuamente ese vaivén, hasta llegar a una conclusión que se anuncia ya en las primeras treinta páginas: «Identity, the Greeks knew, is a paradox». Pero la simpatía que sentí por Mendelsohn en la librería de New Haven, y que fue en aumento a medida que avanzaba en su lectura, obedecía a algo más vago, a una intuición nebulosa que no se ha aclarado hasta que he vuelto a Barcelona, donde he sabido que Mendelsohn publicó el año pasado una nueva traducción inglesa de la poesía de Constantino Cavafis en la que llevaba doce años trabajando. Cavafis, en quien men y de surgen de la más pura entraña; un autor que, sonando plenamente moderno, bebe, hasta apurarla, de la crátera de la historia y la literatura antigua.

Cavafis es un poco ese ritmo que «estructura el pensamiento acerca de otras cosas»: «Ítaca», el poema de la vida y los viajes (men), fue el primer poema con cuya lectura, allá por los años de instituto, sentí temblar el suelo bajo los pies, cuando ni sabía nada de la vida ni apenas había viajado (de). Con Cavafis, aparte, me ocurre como con Rimbaud: aunque sólo los he leído en traducciones deslucidas, siempre me he resistido a sustituirlas por otras más solventes. (Como de propina, mi versión de José María Álvarez –de quien tanto se reía el llorado Goyo, auctoritas en la vida para quienes estudiamos latín con él– trae al pie unas notas del traductor dignas de antología.)

Termino el post remitiendo al vídeo de una presentación de la traducción de Mendelsohn en Harvard. Quien prefiera saltarse la lectura de los poemas y pasar a las ideas sobre la traducción del propio Mendelsohn y su relación con Cavafis, que vaya directamente al minuto 47.

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