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Archive for 22 abril 2011

Colgué hace casi un año el lipdub de mi ex facultad italiana. Hoy les toca a la gente de 62, que han montado uno para promocionar sus libros de cara a Sant Jordi. Impagable Carme Riera dando botes.

Y, sobre todo, regalad muchos libros mañana.

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Me enteré el viernes a las diez de la mañana por un correo de Celia Filipetto. Todo el mundo sabe lo que tradujo, así que me lo ahorro. No todo el mundo sabe que tenía un blog. La última entrada lleva fecha del 11 de abril.

Entre otros, este fin de semana le han dedicado unas palabras Asun Lasaosa, Íñigo García Ureta, Juan Cruz y Antonio Muñoz Molina. Recojo también algunas de las reacciones que hubo en Twitter y pienso que quizá (sólo quizá) la gente (alguna) nos aprecia un poquito (pero poco) más (pero más) de lo que creemos:

lurams Luram
“@elpais_cultura: Fallece el traductor Miguel Martínez Lage elpais.com/articulo/cultu…” hoy si deberian estar las banderas a media asta. DEP.

lurams Luram
“@elpais_cultura: Fallece el traductor Miguel Martínez Lage elpais.com/articulo/cultu…” gran perdida para la cultura española. No saldrá en T5,A3

Nando_J Nando J. López
Se fue el gran traductor Martínez-Lage elpais.com/articulo/cultu… via @el_pais Una profesión que aquí sigue sin tener el reconocimiento que debería

loscg Lo. C. Gutiérrez
Fallece el traductor Martínez-Lage elpais.com/articulo/cultu… vía @el_pais -> Colegas traductores: perdemos a un grande 😦

Portadoresuenos Portadores de sueños
Gran pérdida, era un excelente traductor RT @enriqueredel: Ha muerto Martínez-Lage http://bit.ly/h1K2rL

VilaSilva Lorenzo Silva
Muerte de un traductor, Miguel Martínez-Lage: http://bit.ly/e2bIT0 . Uno de esos inmensos profesionales invisibles. Honor a su talento

viajeroaitaca Raúl Gay
Ha muerto Miguel Martínez-Lage http://goo.gl/3IOab Como buen traductor, era invisible pero también imprescindible.

LibrodeNotas Libro de Notas
RT @vilasilva: Muerte de un traductor, Martínez-Lage: http://bit.ly/e2bIT0 Uno de esos inmensos profesionales invisibles. Honor a su talento

transzend Joan Parra
Yo lo admiraba inmensamente y su muerte me duele de veras. No conocí traductor mejor. Haceos un favor y leed su Boswell http://bit.ly/g0kqFJ

JuANvAreLaH Juan Varela
Adiós y gracias a Miguel #Martínez-Lage por acercarnos de una manera tan cariñosa tantos textos. Gracias por traducirnos.

herncastle Miguel Antón
Pues ha muerto Miguel Martínez-Lage, traductor de la primera división. Joven. Muy joven.

rodrigoscheuer Rodrigo Scheuer
RT @mvdsister: Fallece el traductor Martínez-Lage http://bit.ly/dWjBFg via @el_pais Primera vez que veo obituario para un traductor!!!

DanyRomeo Daniel Enric Giménez
Anoche estuve en el tanatorio y resulta que el hombre que había en la otra sala era el famoso traductor de novelas martinez-lage DEP

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De vez en cuando conviene volver a Cernuda. Conviene para entender a Jaime Gil, para recordar qué es hondura clásica, para emocionarse frente a una piedra. Últimamente he vuelto a espigarlo con la constancia de un cuentagotas, y como mis locuras son distintas que antaño, me fijo en otras cosas. Por ejemplo en su relación con la traducción.

Me llama la atención la sencillez con que Cernuda reconoce sus dependencias lingüísticas. Al principio de «Historial de un libro» admite sus limitaciones: «Desgraciadamente, no tengo conocimiento de la lengua griega, y uno muy deficiente […] del latín. […] Las traducciones al español de los clásicos, o apenas existen o son rematadamente malas» (pág. 384). En los años veinte también lee El capital de Marx «en traducción pésima y podada al extremo» (pág. 385).

Por suerte, era un lector competente en francés: en los años veinte había leído a Paul Reverdy, Lautréamont y, sobre todo, André Gide y a los surrealistas. Gracias a ello, en 1936 se hace en París con un libro decisivo: «Entre los libros que compré entonces estaba la Antología Griega, texto griego y traducción francesa, editada en la colección Guillaume Budé. Menciono su adquisición porque esos breves poemas, en su concisión maravillosa y penetrante, fueron siempre estímulo y ejemplo para mí» (pág. 400).

No obstante, es del alemán que traduce sus primeros textos: nada menos que Hölderlin, cuyas versiones aparecen en la revista Cruz y Raya en 1936. Cernuda, según admite, tenía por entonces un conocimiento «menos que elemental» del alemán, así que tal vez tenga razón David Pujante cuando aplica al sevillano unas palabras de Gabriel Ferrater a propósito de la traducción de Hölderlin que hace Carles Riba: «En esta precipitación traductora entraba seguramente, al nivel más humilde, la necesidad de traducir con el fin de entender bien un poema difícil en una lengua todavía mal conocida».

Diez años más tarde –diez años oyendo los ecos de dos guerras desde tierras británicas– se atreve con Shakespeare: «[comencé], creo que hacia 1946, la traducción del Troilus and Cressida de Shakespeare, labor que me iba a enseñar mucho y que emprendí con amor» (pág. 410).

No sé hasta qué punto los textos que traduce un poeta afectan a su propia escritura –Dámaso Alonso tradujo a Hopkins pero no tomó de él nada que no llevara ya dentro de sí–, pero acaso comprenderíamos mejor a muchos autores si supiéramos a lomos de qué traducciones leyeron los textos que los marcaron –«En Cambridge comencé a leer a Kierkegaard, que me atrajo profundamente, buscando, en traducción inglesa, no pocas de sus obras» (pág. 407)–, sobre todo cuando tantos, desde tantas tribunas, proclaman la tesis de la caducidad de las traducciones, partido en el que, por cierto, entra el propio Cernuda: «Es cierto además, que dichas traducciones deben repetirse de cuando en cuando, ya que cada época requiere nuevas traducciones de las obras clásicas, y por excelentes que sean, su lenguaje las hace anticuadas, cosa que no ocurre con el de los textos originales» (págs. 384-385).

[Todas las citas proceden del «Historial de un libro», en la edición de Alianza de La Realidad y el Deseo (1924-1962). Las traducciones de Hölderlin pueden leerse en los volúmenes Poesía Completa de Cernuda (Barcelona, Barral, 1974, ed. Derek Harris y Luis Maristany, reeditada en Siruela en 1993) y Poemas de Hölderlin (Madrid, Visor, 1974, ed. Jenaro Talens), y han sido estudiadas por David Pujante. Sobre Cernuda y la traducción en general, hay un librito editado por Emilio Barón Palma: Traducir poesía. Luis Cernuda, traductor (Almería, Universidad de Almería, 2000)].

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Tras más de un año, pensabas que no volverías a hacer una entrevista. Entonces, un buen día, te encuentras levantado en Alibri un ejemplar de Calma, un librito exquisito de Shen Congwen traducido y prologado por Maialen Marín Lacarta. Como conoces a Maialen porque le haces preguntas chorras en congresos, has compartido cervezas con ella en el Norbàltic y le gustan las canciones que cuelgas en Facebook, te atreves a pedirle una entrevista. Maialen vive en París, donde, aparte de escribir la tesis, artículos y dar clases, tiene tiempo hasta de respirar y ocuparse de tus ocurrencias. ¿Entrevista por Skype? Hasta que no tengas el MacBook (moderno que eres) mejor que no; el viejo PC ya anda a trompicones sin necesidad de hacer el pino puente. Acordáis, pues, que le mandarás unas preguntitas por correo electrónico.

Entonces te cuenta que conoció la obra de Shen Congwen hacia 2006, cuando vivía en Pekín, y que con la ayuda de Juan Gabriel López Guix, logró convencer a Alpha Decay para que publicasen un relato suyo: «Me había cautivado su prosa poética y me parecía que se merecía un librito, ya que es una figura muy importante de la literatura china moderna. Calma no fue más que un aperitivo, espero poder dedicarle muchas páginas más». La editorial dice en su web que se trata de la primera traducción directa del chino al castellano del autor. Maialen puntualiza: «Existe una traducción directa de un relato de Shen Congwen publicada en Pekín dentro de una antología de relatos de distintos autores: Cuentos ejemplares (Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1984). El relato se titula “El marido” y el traductor, Laureano Ramírez, fue Premio Nacional de Traducción en 1992 y profesor mío en la Universidad Autónoma de Barcelona». El mismo relato se publicó luego en España, vertido del inglés, en la antología Luna creciente: cuentos chinos contemporáneos (Madrid, Editorial Popular, 2007), orientalizante desde la cubierta hasta el colofón.

Esta antología bien puede ilustrar algunos de los lastres que arrastra la literatura china en España: estereotipos y traducciones indirectas. Fuera de aquí las cosas son distintas: «En inglés y en francés las traducciones de Shen Congwen son numerosas. Sus especialistas y traductores principales son Isabelle Rabut al francés (que es mi directora de tesis) y Jeffrey C. Kinkley (que fue miembro del jurado de la tesis de Rabut). Ambos han traducido su autobiografía, su novela más conocida (Biancheng 边城, 1934) y varios relatos, dentro de una antología de varios autores de los años 1930 en el caso de Rabut (Le Fox-trot de Shanghai, 1996) o en una colección dedicada a este autor en el caso de Kinkley (Imperfect paradise, 1995). Existen además otras versiones de distintos traductores».

Con todo, perdura esa secular ignorancia de extremo Oriente que ya denunciaba René Étiemble y que confirmaba hace poco Umberto Eco, quien escribía: «No hace mucho tiempo fui a París a participar en una conferencia a la que asistieron intelectuales europeos y chinos. Fue humillante ver cómo nuestros colegas chinos conocían todo sobre Immanuel Kant y Marcel Proust, sugiriendo paralelos (fueran correctos o erróneos) entre Lao Tzu y Friedrich Nietzsche, mientras la mayoría de los europeos entre nosotros apenas podían ir más allá de Confucio, y a menudo sólo con base en análisis de segunda mano». La cuestión daría para un volumen entero, admite Maialen: «Lo que afirma Eco creo que refleja la jerarquía mundial y la desigualdad de los distintos… ¿sistemas literarios? (Even-Zohar), ¿campos? (Bourdieu)… La transmisión de la literatura del centro a la periferia y de la periferia al centro no ocurre de manera equitativa y recíproca».

Esto nos lleva de forma casi inevitable al concepto del canon y a la posición de la literatura china en nuestra idea de literatura universal: «La mayoría de estudiosos y traductores en España se han dedicado a traducir literatura clásica –explica Maialen–, mientras que son pocos los que se han interesado por la literatura del siglo XX. En los últimos diez años parece que las editoriales, a través de ferias o de agentes, se interesan cada vez más por la literatura del siglo XX, en muchos casos autores publicados en inglés y en francés. La mayoría se lanzan a traducirlos de estas versiones, sin la participación de traductores de chino o de especialistas de esta literatura. Esto influye no sólo en el texto sino también en la elección de los autores y en la propia cubierta de la obra. El filtro anglófono y francófono define la recepción de la literatura china del siglo XX». No lo dice por decir; las cifras cantan: «De las treinta y seis novelas de literatura del siglo XX que se han publicado de 2000 a 2010, nueve son directas y veintisiete indirectas. Todas las directas han sido encargadas por editoriales, y no propuestas por traductores».

La traducción indirecta sigue siendo, en efecto, una asignatura pendiente de la edición española, no tanto por el número de lenguas de las que se traduce (con la moda nórdica hemos asistido, al menos en castellano, a un florecer de las traducciones directas del sueco o del islandés), sino por el sistemático ocultamiento de las versiones hechas por lengua interpuesta: «Está claro que domina una visión negativa hacia la traducción indirecta, por eso se suele ocultar en la página de créditos para que parezca que el libro se ha traducido del chino (se menciona el título original en chino y el nombre de un solo traductor, el que traduce del texto intermedio al castellano). Las consecuencias para el traductor de chino son evidentes: conseguir una tarifa decente para una traducción del chino se vuelve una tarea complicada cuando al editor le cuesta menos de la mitad traducirlo de la versión inglesa o francesa. La ética del editor es aquí crucial». Y es que si la traducción de libros está dura para el común de nosotros («El trabajo es precario: nadie garantiza al traductor de libros trabajo para todo el año ni todos los años; no hay seguridad ni continuidad», Libro Blanco de la Traducción en España, pág. 81), más lo está para quien ha dedicado años y años al aprendizaje de lenguas «lejanas»: «No conozco a nadie que se dedique exclusivamente a la traducción del chino, sino que la mayoría de traductores son profesores de universidad».

Seamos optimistas y convenzámonos de que esto cambiará pronto, acaso cuando algún editor se descuelgue con algún Murakami chino. Y si tiene que quedar tan bien como el cuento de Shen Congwen, personalmente esperas que lo traduzca Maialen.

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