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Posts Tagged ‘Eduard Márquez’

Freud escribió Lo siniestro a propósito de El hombre de arena de E. T. A. Hoffmann, pero bien podría haberlo escrito basándose en la foto de Rong Rong que aparece en la cubierta de L’últim dia abans de demà –la misma que preside el pasillo de la casa de Eduard Márquez– o cualquiera de las de Francesca Woodman, que inspira uno de los personajes principales de la novela, vertida al castellano por el propio autor.

Hace años que no nos vemos y nos hemos reencontrado, en parte, gracias a Facebook. Me recibe con un abrazo. Me ofrece un quinto. Son las once de la mañana. Pasamos al estudio. Me cuenta que le ha dado por la percusión experimental y me ofrece una demostración de sus habilidades con una caja y un trozo de porexpán.

Una de las primeras cosas que llaman la atención al leer la novela en catalán es la presencia del castellano. Una presencia llena de intención («Vols estudiar literatura? No ho diu amb l’expressió despectiva dels hermanos quan parlaven de les carreras para maricones», pág. 23) que en la versión castellana trata de reflejarse recurriendo a la cursiva y a una nota del autor: «Los textos en cursiva indican los fragmentos en castellano en el original catalán». «El recurs de la cursiva no m’agrada –confiesa Eduard–, però li dóna la possibilitat al lector espanyol de veure que aquests capellans parlaven en castellà, i que en el llibre original parlen en castellà. No hi havia cap altra manera de fer-ho.» La editora de Alianza se mostró de acuerdo en todo momento en conservar la impresión de bilingüismo. Por suerte, porque no se trata sólo del bilingüismo (bilingüe es también este post), sino de un recurso crucial para el retrato de los personajes y la textura de la trama.

Hasta el momento, Eduard había recurrido a Pau Centellas y Ramón Minguillón para que pasaran sus libros al castellano, según dice porque no se sentía capaz de autotraducirse. ¿Por qué esta vez sí? ¿Por ser un novela más personal, más basada en el recuerdo íntimo? No, la razón es más estrambótica y prosaica. La editorial se proponía rodar un book trailer, y el director no leía catalán. Solución: reunirse y traducirle unas páginas al vuelo. Resultado: terminó leyéndole el libro entero, improvisando soluciones de traducción sobre la marcha: «A les vuit de la tarda jo em posava a traduir-li el llibre de viva veu aquí, en aquesta habitació, i a les tres del matí vam acabar. Quan em vaig ficar el llit em vaig veure capaç i vaig pensar: doncs ho faig jo. Altres vegades preferia que algú netegés el text en castellà i jo després entrava a fer la feina de microcirurgia fina. Mai m’havia vist capaç perquè el primer pas era molt molest, em grinyolava tot. Què em va estimular aquest cop? Veure com ho rebia una persona en directe. Això imagina-t’ho tu com a traductor! Si no haguéssim fet el tráiler, ho hauria fet algú altre. Ara bé, és una feinada de collons, eh!». Qué me va a contar.

A la hora de ponerse a traducir en serio, uno de los problemas fue elegir el modelo de lengua: ¿Qué castellano utilizar? Ejemplo: uno de los protagonistas vive en una torre del barcelonés barrio del Putxet. La expresión «una torre al Putxet» es tan intocable en catalán como la pica en Flandes castellana. Una pica, no una lanza, no una alabarda. Una pica. Pero en Madrid proponen chalé,  «porque este tío no vive en la torre de un castillo». «¡Pero es que tampoco vive en un chalé –exclama Eduard–, ni en una adosada, ni en un palacete! Al final, jo ja quasi havia renunciat: Va, chalé, i acabat amb é!». Finalmente interviene la editora de Madrid: «Eduard, ¿no irás a claudicar con lo de la torre, no?». Moraleja: «Vam veure que no passa res per fer servir un castellà amb marques del lloc on passa l’acció».

Marca catalana tienen también ciertas citas. Por ejemplo la de Las elegías de Duino, que en la versión catalana aparece según la traducción de Joan Vinyoli. ¿Y en la castellana? «El que diré ara és molt graciós: estaba tan acostumat a la versió catalana que quan vaig llegir les traduccions castellanes que tenia al meu abast, cap no m’agradava. Per tant, vaig traduir la catalana. Vaig traduir la versió de Vinyoli». A continuación comparamos las versiones de Vinyoli y Valverde. No puedo dejar de darle la razón. (Un poema de Vinyoli aparecía ya en Cinc nits de febrer y recientemente Eduard ha publicado sobre él un breve texto en una obra colectiva.)

Algunas soluciones castellanas también tuvieron su repercusión sobre la versión catalana. Ese diálogo fue, según el autor, lo más enriquecedor: «Em va agradar l’anar i venir: resoldre certes coses en la versió castellana em va ajudar a millorar la catalana. Aquest és el diàleg que no té un traductor, i és meravellós». Con todo, Eduard no aparece como traductor de la versión castellana: «Es va donar per fet que era la novel·la escrita en castellà. Ni m’ho van demanar, i si ho haguessin fet, hauria dit que no calia, perquè de fet hi ha parts que están reescrites».

Esa noción de «segundo original» me lleva a preguntarle cuál es la versión de la que parten las traducciones de sus libros a otras lenguas: «Els han fet quasi sempre del castellà. En alguns casos sense admetre-ho: es diu que està fet del català i és del castellà. Jo personalment entenc el problema d’un editor turc per trobar un traductor de català. Per què no em sap greu? Perquè jo controlo la versió castellana. I si li puc facilitar la feina a l’editor turc, ho faig».

Luego pasamos a otras cosas: al reciente libro de Jordi Llovet (ex profesor de ambos), a Malaparte, a las clases de escritura de Eduard en el Ateneu Barcelonès. Me firma el libro y antes de irme me recuerda que al miércoles siguiente lo presenta en Laie: barra libre de Voll-Damm, proyecciones de conciertos de Patti Smith, lectura de fragmentos. Fue una gran noche por más de un concepto, pero su relato excede ya los malapartianos predios de este humilde blog.

L’últim dia abans de demà está publicado en catalán por Empúries y en castellano por Alianza. El texto de Eduard Márquez sobre Joan Vinyoli aparece en el libro colectivo Tombes i lletres: homenatge fotogràfic i literari a 41 escriptors nostres (La Bisbal d’Empordà, Sidillà, 2011).

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No me ha sido fácil encontrar fotografías de Walter Andreas Hofer (a la derecha en la foto), el asistente artístico de Hermann Göring. En el libro de Edsel sólo aparece en un par, y de lejos. En los de Lynn Nicholas y Héctor Feliciano, ni de lejos. Pese a ser uno de los peces gordos del saqueo artístico nazi en Europa, su aspecto me había traído sin cuidado hasta leer la descripción que de él hace Eduard Márquez en su novela La decisió de Brandes (Barcelona, Empúries, 2006, pág. 73):

L’aspecte de Hofer era tan repulsiu com la seva feina. No només per la manera de parlar o de moure’s, enravenada i intimidadora, sinó per l’altivesa que traspuaven les seves faccions. La barbeta esmolada, els llavis prims, el nas gros amb un séc ben marcat a cada banda, els ulls petits i escrutadors, el front ample i solcat d’arrugues… Tot ajudava a sentir-se atemorit davant seu. En aquest cas, al contrari del que sempre deia el pare, crec que les aparences no enganyaven.

Eduard Márquez ha sido una de las personas con quien más he aprendido a leer (junto a Ramón Minguillón, su amigo y traductor al castellano, culpable además de mi primer encuentro con Malaparte, pero esto es historia para otro post). Años ha, siendo fan a muerte de sus libros de relatos, tuve la suerte de compartir cervezas varias veces con él en el tronado Café del Centre de la calle Girona y de escuchar sus despiadadas y razonadas críticas a mis arremetidas literarias postalvarodecampianas.

La decisió de Brandes relata los últimos pensamientos de un pintor alemán residente en el París de la ocupación nazi a quien Hofer acosa para que le «venda» un Lucas Cranach. Su anterior novela, El silenci dels arbres, no me había convencido, por eso no había leído el Brandes hasta ahora. Sigo prefieriendo los cuentos, afilados y precisos como un corte a la navaja, o la primera novela, Cinc nits de febrer, que me acompañó en varias de mis noches italianas.

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