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Archive for the ‘trucos del almendruco’ Category

¿Espacios, pulsaciones, caracteres? ¿Con espacios o sin espacios? Y ¿qué diantre es eso de equis euros por holandesa? Cuando uno lleva ya unos años en esto de la traducción de libros, olvida a veces que los contratos y la jerga del oficio están llenos de términos que no siempre resultan claros al principiante. Cuando de lo que se trata, además, es de conceptos anacrónicos que vienen coleando desde los tiempos de la Olivetti, la extrañeza alcanza cotas esotéricas. Todo eso y más en mi truja de ayer.

El artículo de Carlos Milla y Marta Pino puede consultarse en línea en la página de Vasos Comunicantes, aquí.

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Hoy toca tostón, así que intentaré ser breve: me indignan los libros sin índice analítico. Esto viene de lejos: de cada vez que abro supuestos manuales o libros de referencia y me encuentro con que debo consultarlos a vuela página, lo cual es ciertamente una faena cuando el volumen consta de cientos y cientos.

Un ejemplo que me crispa especialmente: la primera edición del Manual de estilo de la lengua española de Martínez de Sousa (Gijón, Trea, 2000). 637 páginas. Sin índices. Lo mejor del caso es que las ediciones siguientes sí lo incorporan, pero yo obviamente ya no puedo ir a la librería a que me cambien uno por otro, por lo que debo aflojar otra vez las 39 lechugas.

El culmen de mi cabreo llegó hace un tiempo ante las Memorias de Albert Speer (Barcelona, El Acantilado, 2001, trad. Ángel Sabrido), de donde debía extraer unos fragmentos para la traducción del libro de Edsel. Aún no sé cómo logré encontrarlos entre sus (atención) 932 páginas, pero lo logré. Intertextualidades a mí…

Curiosamente, lo del índice suele ser de cajón en el mundo de la edición anglosajona y la mayoría de libros lo incorporan. De modo que, ¿qué ocurre cuando se traduce un libro con índice analítico? Pues que el traductor debe apechugar con él, y no es sencillo. Mientras trabajaba en el libro de Orbinski llegué a un método que creo que funciona, así que aquí van los tres mandamientos del traductor de índices:

I. Traducirás el índice antes de todas las cosas: en él figuran muchas de las palabras clave del libro, de esta manera se resuelve buena parte de la terminología antes de entrar a saco en el texto. Hay, además, un factor psicológico: siempre da menos pereza perder tiempo buscando la equivalencia de un término cuando no has dejado una frase colgando a mitad del objeto directo.

II. Marcarás los términos en el cuerpo del texto: resaltando en lápiz o fosforito recordamos, según vamos traduciendo, que tal o cual palabra figura en el listado final, que quizá aparece en varias ocasiones más y que su traducción debe ser consistente a lo largo del libro.

III. No desobedecerás al editor: preguntad al editor si desea los términos alfabetizados o no, por aquello no meter la zampa después de las molestias que nos hemos tomado. Algunos te dicen que, tras traducirlo, lo alfabetices; otros, que dejes el listado tal cual en el orden del original. A mandar.

Las cosas como son, traducir un índice es soporífero y alienante, pero acometerlo con cierto método garantiza que el trabajo sea fructífero.

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Se llama Herramientas de Traducción y más que un blog es un repertorio de recursos pensado para traductores noveles y estudiantes. Vía Bloc de Lletres.

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Desde el primer día de facultad se nos dice que documentarse antes de acometer una traducción es tarea imprescindible. Lo que alguien debería decirles a quienes enseñan en la facultad es que, contrariamente a lo que creen, no existe relación biunívoca tema-texto, es decir: cada texto (cada libro, por centrarme en mi campo) requiere documentarse no sobre un tema sino sobre decenas, por lo que las estrategias que se enseñan en la universidad son irreales tanto por lentas como por limitadas.

¿Cómo documentarse en condiciones de trabajo reales? Ahora quizá rompo alguno de esos tácitos dogmas intelectuales que corren por ahí, pero para un servidor lo más útil ha sido siempre el cine y los documentales. Es decir, en muchos casos el trabajo comienza ya no en las bibliotecas (físicas o digitales), sino en YouTube, eMule y similares. Por poner un ejemplo sin salirnos de nuestro amigo Malaparte: para traducir Kaputt (aparte de tener conocimientos sobre una decena de lenguas europeas) hay que informarse sobre asuntos tan dispares como el día a día de Nápoles hacia 1943, la vida en el gueto judío de Varsovia y, sobre todo, la situación en el frente oriental durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién puede leer lo necesario sobre estos temas y, además, tener tiempo para traducir la prosa malapartiana con el cuidado que precisa y en el plazo convenido?

TalvisotaOlvidemos Nápoles (de la que ya hemos tratado aquí) y el gueto en este post y centrémonos en el frente oriental: servidor, que casi todo el cine sobre la Segunda Guerra Mundial que había visto estaba ambientado en Alemania, Francia o Polonia, ni se acordaba de que había un frente en el este que se extendía de Rumanía a Finlandia, pasando por Bielorrusia y Ucrania. Para averiguar qué pasaba ahí (para entrar «en el papel») llegaron como caídas del cielo dos películas perturbadoras: Talvisota (Pekka Parika, 1989), sobre la resistencia finlandesa contra los soviéticos en el frente de Carelia, y Masacre: Ven y mira (Elem Klimov, 1985), que por momentos no se sabe si es una película bélica o de puro terror. Sin duda las enciclopedias y los libros de historia narran los acontecimientos de principio a fin, abundan en motivos y consecuencias, etc., pero no nos muestran cómo era el uniforme de los sissit, ni en qué clase de refugios sobrevivían a los tanques rusos, ni qué aspecto presenta el paisaje de Carelia en lo más crudo del crudo invierno.

Ven y miraTodo esto viene a cuento de que quería recomendar dos blogs sobre cine bélico e histórico que me han sido de gran ayuda en los últimos meses: IIGMcine y Blog Dedicado al Cine Bélico e Histórico. Si no fuera por ellos, no habría llegado a éstas ni a otras películas que me han ayudado a medirme con Malaparte. Un último consejo: si os documentáis con cine, no dejéis de consultar la sección «Movie connections» en Internet Movie Database; seguiréis tirando del hilo y os llevaréis más de una sorpresa.

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No hay, que yo sepa, estudios acerca de la relación entre Malaparte y la tradición clásica. A lo largo de Kaputt, las referencias a autores grecolatinos son vívidas e íntimas, y en ningún momento tienen apariencia de erudición inerte; y en el caso de La pelle, una de las citas iniciales pertenece al Agamenón de Esquilo (v. 336), y su tema se desarrolla a lo largo de la novela con pasmosa naturalidad.

Aunque las citas no se traduzcan, es necesario localizarlas porque su sentido puede propagarse a otras partes del texto, y un error de comprensión resultará fácilmente en un error de traducción. Google puede ser el primer paso –a menudo nos veremos dirigidos a webs que recopilan máximas o citas famosas–, pero conviene contrastar los resultados con una edición solvente, y aquí incluyo las electrónicas. Entre las webs especializadas en ediciones de textos clásicos, Intratext me parece la mejor, sobre todo por sus herramientas de corpus.

A quienes ven con escepticismo la relación entre la filología y la red –haberlos haylos– les diría que al sufrido R. Coll Robert, primer traductor de Kaputt al castellano, internet le habría ahorrado más de un desliz: en la pág. 338 de su versión (Barcelona, José Janés, 1947) una nota al pie traduce «materiam superabat opus» por «la materia superaba a la obra», lo cual deja claro no sólo que Coll Robert no iba muy ducho en latín, sino que además ignoraba que en realidad la frase es cita de Ovidio (Met. II, 5, donde se describe el palacio del Sol).

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