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Archive for 28 junio 2010

Es tradición por estos pagos malapartianos declarar que el verano empieza con la irresistible tentación de tomar claras, frappé griego y escuchar los discos de Sublime y Phil Spector veinticuatro horas al día. (Por desgracia pasaron ya los días de los legendarios ciclos de verano del Méliès.)

Como el trabajo no cesa, el lunes empecé a traducir (con la calma, que la prisa mata, como dice el beduino) Whispers of the Dead, la tercera novela de la serie David Hunter de mi ya viejo compañero de fatigas Simon Beckett. Entre esto y un proyecto paralelo que ya veremos si llega a buen puerto esperamos pasar el verano.

Para quien no sepa qué leer en la playa, puede hacerle un favor a mi economía y comprar Entre las cenizas, la segunda de la serie, recién salida del horno. Con los mejores deseos.

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Señoras que se llaman Mona Baker y te cuelan un catálogo de webs sobre activismo político como conferencia inaugural. Académicos alemanes que leen ponencias en lenguas arcanas que simulan ser inglés. Conceptos que a uno le suenan de la teoría literaria y la lingüística pero que en las facultades de traducción adquieren nombres completamente distintos. Uñas y dientes, alarmas y sirenas a la menor mención de la palabra filología. Para eso y más dio un día de congreso. El segundo preferí saltármelo. (Hoy, también en la Facultad de Traducción de la Universidad Autónoma de Barcelona, se celebra el I Simposio Internacional de Jóvenes Investigadores en Traducción, Interpretación y Estudios Interculturales, pero me imagino que ha habido algún malentendido porque la mitad de las presentaciones tratan de los subtítulos para sordos.)

El inefable sombrerero loco Willy Neunzig (el epíteto no es mío) presentó mi ponencia diciendo: «Hoy tenemos a alguien que no se dedica a hablar de traducción, sino que es un traductor de los de verdad». Servidor, que estaba algo nervioso, no se dio cuenta de que tenía un micrófono delante y leyó su conferencia para la vieja sorda del fondo del aula, esa que dicen que tenemos que imaginarnos al hablar en público. Entre eso y mi defensa de una aproximación filológica a la traducción literaria, lo extraño fue que alguien aplaudiera. Cortesía de congresista, supongo.

Una de las aplaudidoras fue Maialen Marín, que a pesar de mi pregunta impertinente durante su ponencia (impertinente porque me había perdido el principio), se quedó a escucharme y me dijo que seguía mi blog, lo que me hizo una ilusión bárbara. También me alegró volver a ver a Valentina Mercuri, antigua compañera en las clases de Pilar Capanaga, que por fin termina ya su tesis sobre Carlo Coccioli.

Para terminar, la perla: turno de preguntas tras varias charlas sobre las notas del traductor en obras literarias; se alza un tipo canoso (que además ha llegado tarde y lleva una camisa espantosa) y, sin apercibirse que la posmodernidad ya no se lleva, perora con empaque: «Tenemos que aceptar que ya pasó el momento de la lectura intensiva, que ya nadie lee dos horas de una sentada, que estamos en la época de la lectura fragmentaria, que queda muy bien citar el Quijote, pero a ver quién de los presentes lo ha leído». Me imagino que en breve se recibirá de catedrático.

¿Impresiones generales? Que cada vez estoy más convencido que los traductores somos de Marte y los académicos de Venus. O de la luna.

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Se anuncia a los atentos lectores que el próximo lunes día 21 servidor hará el gamarús leerá una comunicación en el VII Congreso Internacional de Traducción (aquí el programa), que se celebrará en la Universidad Autónoma de Barcelona. La intervención lleva el muy interesante título de «Kaputt: notas para la edición y la interpretación del prólogo de Malaparte» (ovación y tableau). Y ahora, si me lo permiten, voy a seguir decidiendo qué me pongo.

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En general, los programas de libros me aburren soberanamente. El de Emili Manzano no es una excepción, pero hay que reconocer que es de lo mejorcito que ha habido desde las legendarias entrevistas de Soler Serrano.

Hace unos días, mientras Marta, Dima y un servidor andábamos perdidos en alguna parte del Atlas, L’hora del lector invitó a tres superpesados de la traducción al catalán para debatir acerca de unos cuantos tópicos sacados del libro de Henri Meschonnic Ética y política del traducir (edita Leviatán, traduce Hugo Savino), a saber: traducir es traicionar, traducir es interpretar, traducir es meramente pasar de una lengua a otra, el problema de lo intraducible, el envejecimiento de las traducciones y la traducción como actividad subalterna.

Damas y caballeros (que nadie se ofenda, es un decir), con todos ustedes: Anna Casassas, Dolors Udina y Xavier Pàmies.

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Colgué hace unas semanas el enlace a una charla que tenía por tema las relaciones entre autores y traductores. También por entonces, y por pura serendipia, encontré al respecto una noticia publicada el 10 de marzo de 2009 en el Corriere della Sera. Creo que vale la pena traerla in extenso:

Cuando Samuel Beckett escribía en francés, después se cuidaba personalmente de la traducción inglesa, y Jonathan Littell, autor de Las benévolas […] quería hacer lo mismo. Quería reescribir su libro en inglés, pero para volver a entrar en la espantosa mente del protagonista, Max Aue, nazi huido de la justicia tras haber cometido crímenes de toda especie, Littell tendría que haber dedicado otro año de su vida al libro. Mejor cederle el turno a un traductor profesional. Pero con precauciones. Con un procedimiento insólito, Littell organizó una audición para cinco de los mejores francesistas de Estados Unidos, a quienes pidió que tradujeran 15 páginas de «muestra» y se las enviaran, de forma anónima, al objeto de elegir libremente la mejor. La «ganadora» fue Charlotte Mandell, traductora de Proust y Flaubert y del héroe de Littell, Maurice Blanchot […]. Con Charlotte Mandell –cuyo nombre, excepcionalmente, aparece en cubierta junto al del autor– nació una relación distinta a la tradicional entre novelista y traductor: Littell dictó una serie de condiciones iniciales –el título, por ejemplo, que habría de ser por fuerza The Kindly Ones; el título de los distintos capítulos, como los movimientos de una sinfonía; ciertas formas verbales; el íncipit y la frase final. «Jonathan me envió un DVD –explica la traductora, francesista enamorada de los clásicos latinos y griegos que sueña con firmar algún día una versión inglesa de la Eneida— que contenía parte del material que él empleó para documentarse, antes de escribir. Filmaciones de los campos a la llegada de los Aliados, discursos de Goebbels y Eichmann, artículos de periódico de la época. Naturalmente, yo ya había visto Shoah [santa paciencia, nota mía] y muchos otros documentales sobre la Solución Final. Pero no toqué el DVD hasta terminar la primera redacción […]. Mientras traducía, pensaba en Kaputt de Malaparte [ejem, nota mía también], en Vida y destino de Vassili Grossman […].» Littell, pues, dio libertad a Charlotte para que trabajara durante nueve meses (y tres redacciones). Después, tres meses de revisiones, mano a mano con el autor.

Sería interesante conocer la opinión de más traductores que hayan trabajado en colaboración con sus autores. Por lo que a mí respecta, estoy convencido de que Malaparte y yo nos habríamos tirado de los pelos…

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No Peanuts! Movement es una iniciativa divulgada a través de Facebook cuyo objetivo es la consecución de unas condiciones de trabajo dignas para los traductores e intérpretes de cualquier lengua en cualquier lugar del mundo. Os dejo con su manifiesto:

Declaración de principios No Peanuts! (1)

(1) «Peanuts» en inglés significa, por un lado, «cacahuetes» y, por el otro, «miseria». Así, «work for peanuts» quiere decir «trabajar por una miseria», de ahí el nombre del movimiento «No Peanuts!», «¡No a las tarifas míseras!».

El Movimiento No Peanuts! pretende servir de apoyo a traductores e intérpretes profesionales para que pidan y reciban un salario digno por su trabajo.

No Peanuts! significa negarse a creer que los traductores no tienen poder. No Peanuts! significa rechazar la idea de que los traductores debemos ceder a la supuesta «exigencia del mercado» como si no tuviéramos la capacidad de crear nuestros propios mercados. No Peanuts! significa insistir en que no debemos vivir atemorizados ni aceptar la explotación a cambio del derecho a ganarnos la vida en la profesión que hemos elegido.

¡Así es como puedes participar en el Movimiento No Peanuts!:

1. Oponte a rebajar las tarifas. Este principio es punto de partida y final de No Peanuts! Tal vez te parezca que es pecar de inocente, pero, en realidad, la verdad es bastante sencilla: si cada uno de nosotros insistiera en recibir un salario digno, recibiríamos un salario digno.

2. Explica el porqué a los clientes. No basta con rechazar o no hacer caso de las tarifas bajas. No Peanuts! solo funciona si tomamos acciones concretas para educar a las agencias, editoriales y otros clientes. Explícales exactamente por qué te niegas a trabajar a cambio de una miseria. Hazlo con ira, con educación, con humor: no importa cómo lo digas, ¡pero importa mucho que lo digas!

3. Deja de actuar bajo los efectos del pánico. El mercado de la traducción no corre el peligro de derrumbarse. Los clientes siempre necesitarán servicios de traducción. Si les demostramos que las traducciones de calidad valen más, y que la habilidad y la experiencia importan, pagarán más.

4. Reconoce que estás en el mismo barco que los demás colegas de tu combinación lingüística. Establecer tarifas irrisorias o rebajarlas por culpa del “mercado” o como reacción a la presión de los clientes, perjudica de forma directa a otros profesionales de la traducción. Si no formas parte del Movimiento No Peanuts! (No a las tarifas míseras), participas del movimiento antagónico: Peanuts for Everyone! (Tarifas míseras para todo el mundo.)

5. Recupera el control de tu papel en la relación entre cliente y proveedor de servicios. Durante años, sitios de intercambio de información como ProZ, TranslatorsCafé, GoTranslators, y otros, junto con megaagencias como TransPerfect, han contribuido a trastornar la relación cliente-proveedor. Muchos clientes han seguido su estela y ahora dan por sentado que tienen derecho a dictar las tarifas a los traductores. Se equivocan.

6. Boicotea a los intermediarios y agencias en línea que abusan y explotan a traductores e intérpretes, demostrando una falta de respeto para con los traductores profesionales. Hazles saber ―tanto a ellos como a tus colegas― que los boicoteas y por qué.

7. Aprovecha los recursos que, como las listas de distribución de tu combinación lingüística, The Checklist for Freelancers, Payment Practices, Translation Client Review List o Il Segno di Caino: The Translator’s Hall of Shame, te permiten poner en común con tus colegas cualquier asunto relativo a prácticas inaceptables.
8. La deflación de tarifas no es sólo un problema económico; también es un problema ético. En primer lugar, que un trabajador trabaje por tarifas míseras no implica que la empresa le facture una miseria al cliente final. Lo habitual es lo contrario: la empresa aumenta sus ganancias «pagando poco» y «facturando mucho». En segundo lugar, cuando se pagan tarifas a precio de saldo ocurre casi siempre que el usuario final del texto (sean libros, subtítulos televisivos o catálogos de productos) obtiene lo que es de esperar: mala calidad. En otras palabras, las tarifas bajas resultan en una doble falta de respeto: para con el traductor y para con el consumidor de traducciones.

9. Niégate a trabajar en condiciones abusivas. Dichas condiciones se refieren a las tarifas que no permiten un sueldo digno, pero también tienen que ver con plazos imposibles, horas extra no remuneradas o trabajo en fin de semana, insistencia en descuentos injustificados, pagos atrasados y demás prácticas que convierten al traductor en siervo. Dichas condiciones no forman parte del oficio.

10. Informa a tus colegas de que te comprometes a luchar por un sueldo digno. Anímalos a unirse al Movimiento No Peanuts!. Descarga el banner de No Peanuts! y cuélgalo en tu web  o pon un enlace a nuestro blog.

Y sobre todo, haz que corra la voz. ¡Los traductores e intérpretes profesionales merecen ganar un sueldo digno por su trabajo!

Correo electrónico: nopeanuts.fortranslators@gmail.com

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