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Archive for 30 octubre 2009

Joseph Andrews - CubiertaAvisé hace unos días: de cuando en cuando iré comentando traducciones que por una razón u otra me parecen sobresalientes.

Creo que es de justicia poner en primer lugar a José Luis López Muñoz y su versión del Joseph Andrews de Henry Fielding (Madrid, Alfaguara, 1978). Lugar común de las clases y tertulias de traducción es decir que el primer paso para aprender bien el oficio es leer mucho en lengua original. Aquí digo que leyendo Joseph Andrews concluí que en pocos sitios podrá aprenderse más del oficio que leyendo traducciones ejecutadas en estado de gracia. El reto era grande, no por nada el título completo de la novela reza: «La historia de las aventuras de Joseph Andrews y de su amigo Mr. Abraham Adams escritas a imitación de la manera de Cervantes autor de don Quijote». Ahí es nada: a las dificultades comunes a toda traducción de un clásico añejo se añade la constricción de recrear cierta afinidad con la lengua de Cervantes sin caer en amaneramientos ni arcaísmos injustificados.

De propina, un fragmento tomado de la pág. 153 (podía ser éste como podía ser cualquier otro: son cuatrocientas páginas de continua caída de baba):

[T]ampoco hicieron falta los ruegos de la pobre desgraciada para que el vicario, levantando la vara, la dejase caer con toda su fuerza sobre la parte de la cabeza de su atacante que, según opinión de los antiguos, contiene el cerebro. Cerebro que, sin duda, hubiera quedado destrozado si la naturaleza (que, como algunos sabios han hecho notar, equipa a todas las criaturas con lo que pueda serles de más servicio) no se hubiera preocupado (como hace siempre con los que prepara para el combate) de que aquella parte de la cabeza fuera tres veces más gruesa que en las personas ordinarias, que deben ejercitar talentos vulgarmente llamados racionales y para los cuales, como el cerebro resulta necesario, la naturaleza se ve obligada a dejar cierto espacio en la cavidad del cráneo. En cambio, como ese ingrediente resulta enteramente inútil en personas de vocación heroica, la naturaleza tiene en esos casos la oportunidad de espesar el hueso, haciéndolo menos susceptible a cualquier impresión y menos apto para que se quiebre o se rompa, y, de hecho, en el caso de algunos predestinados al mando de ejércitos o imperios, consigue, a veces, que esa parte del esqueleto sea perfectamente sólida.

José Luis López Muñoz es doctor en filosofía y en 1980 obtuvo el Premio Nacional de Traducción. Ha traducido, entre muchos otros, a Virginia Woolf, William Faulkner y E.M. Forster. Que ya es.

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Larsson - DetalleEl mes pasado apareció en otro blog un artículo mío acerca del fraude cometido por la editorial Columna al publicar a Stieg Larsson traduciéndolo no del sueco sino por lengua interpuesta. Ahora, el amigo Robert Falcó me manda este vídeo al respecto.

Llama la atención que nadie conceda la menor importancia al hecho de se trate de una traducción indirecta. Pero lo que es de juzgado de guardia es la desfachatez con que Antoni Dalmau, tras «confesar» que ha traducido varios libros en su vida, afirma que él tradujo del francés porque «con la urgencia del momento» no se pudo encontrar a nadie que supiera hacerlo del sueco, tras lo cual añade: «Supongo, eso es cosa de la editorial». Veamos: no sería justo pedir que, en un reportaje promocional, le saque uno los trapos sucios a su editor, pero, ante la constatación general de que los Larsson en catalán han sufrido un proceso de edición deficiente, sería de esperar, ya que no una crítica al sistema, sí al menos cierta reserva. Aunque bien pensado, ¿para qué, si Dalmau no vive de esto? De hecho, Gombau, que por lo visto sí traduce para vivir, no se muestra tan eufórico…

Por lo demás, se echa de menos alguna pregunta un poco menos tópica por parte de una periodista inteligente como Helena Garcia Melero. Es lo que hay.

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Así se titulaba un breve artículo de Juan Gabriel López Guix publicado en el desaparecido El Trujamán. En él, espetaba un basta ya a quienes caen en la guasa fácil de regodearse en las pifias que todos encontramos de vez en cuando en traducciones de cualquier clase. Recordé este artículo al crear el blog porque varias personas me propusieron dedicar una sección a comentar lapsus que habían encontrado leyendo tal o cual libro.

Pues bien, no sólo no pienso hacerlo (a menos que el error, como dice Gabriel, sirva «como punto de partida para una reflexión más profunda sobre la práctica de la traducción»), sino que, por el contrario, me he propuesto presentar, de tanto en tanto, traducciones que me parecen excelentes. Ya tengo apartados unos cuantos títulos, pero os animo a que me enviéis vuestras sugerencias.

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Desde el primer día de facultad se nos dice que documentarse antes de acometer una traducción es tarea imprescindible. Lo que alguien debería decirles a quienes enseñan en la facultad es que, contrariamente a lo que creen, no existe relación biunívoca tema-texto, es decir: cada texto (cada libro, por centrarme en mi campo) requiere documentarse no sobre un tema sino sobre decenas, por lo que las estrategias que se enseñan en la universidad son irreales tanto por lentas como por limitadas.

¿Cómo documentarse en condiciones de trabajo reales? Ahora quizá rompo alguno de esos tácitos dogmas intelectuales que corren por ahí, pero para un servidor lo más útil ha sido siempre el cine y los documentales. Es decir, en muchos casos el trabajo comienza ya no en las bibliotecas (físicas o digitales), sino en YouTube, eMule y similares. Por poner un ejemplo sin salirnos de nuestro amigo Malaparte: para traducir Kaputt (aparte de tener conocimientos sobre una decena de lenguas europeas) hay que informarse sobre asuntos tan dispares como el día a día de Nápoles hacia 1943, la vida en el gueto judío de Varsovia y, sobre todo, la situación en el frente oriental durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién puede leer lo necesario sobre estos temas y, además, tener tiempo para traducir la prosa malapartiana con el cuidado que precisa y en el plazo convenido?

TalvisotaOlvidemos Nápoles (de la que ya hemos tratado aquí) y el gueto en este post y centrémonos en el frente oriental: servidor, que casi todo el cine sobre la Segunda Guerra Mundial que había visto estaba ambientado en Alemania, Francia o Polonia, ni se acordaba de que había un frente en el este que se extendía de Rumanía a Finlandia, pasando por Bielorrusia y Ucrania. Para averiguar qué pasaba ahí (para entrar «en el papel») llegaron como caídas del cielo dos películas perturbadoras: Talvisota (Pekka Parika, 1989), sobre la resistencia finlandesa contra los soviéticos en el frente de Carelia, y Masacre: Ven y mira (Elem Klimov, 1985), que por momentos no se sabe si es una película bélica o de puro terror. Sin duda las enciclopedias y los libros de historia narran los acontecimientos de principio a fin, abundan en motivos y consecuencias, etc., pero no nos muestran cómo era el uniforme de los sissit, ni en qué clase de refugios sobrevivían a los tanques rusos, ni qué aspecto presenta el paisaje de Carelia en lo más crudo del crudo invierno.

Ven y miraTodo esto viene a cuento de que quería recomendar dos blogs sobre cine bélico e histórico que me han sido de gran ayuda en los últimos meses: IIGMcine y Blog Dedicado al Cine Bélico e Histórico. Si no fuera por ellos, no habría llegado a éstas ni a otras películas que me han ayudado a medirme con Malaparte. Un último consejo: si os documentáis con cine, no dejéis de consultar la sección «Movie connections» en Internet Movie Database; seguiréis tirando del hilo y os llevaréis más de una sorpresa.

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BarojaOtro de los textos para la antología de la que hablé hace unos días era un fragmento del capítulo IV de las Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox (Madrid, Espasa-Calpe, 1999, ed. Inman Fox, págs. 102-103). Utópico y ciertamente cachondo.

No contento aún con esto, Macbeth, siempre borracho e impasible, explicó al público un aparato de su invención, el traduscopio óptico y acústico. El traduscopio era un aparato muy sencillo, sencillísimo, fundado en el sabio y desconocido principio del doctor Philf, de que las palabras, así habladas como escritas, se van dilatando a medida que se aproximan a los trópicos y contrayéndose a medida que se alejan. Así, para construir el traduscopio no hay más que combinar un sistema de mecanismos convergentes que van pasando paulatinamente a meniscos planos y luego a meniscos divergentes y colocarlos en un tubo. Los meniscos pueden ser ópticos o acústicos, según se quiera.

Si se habla por un lado del tubo en inglés, por el otro extremo, del tubo salen palabras en castellano. Lo mismo sucede si se mira, porque el traduscopio lo traduce todo; la cuestión no está más que en la graduación de los tornillos.

Lo cual me recuerda esto que me manda el amigo Santi Gorostiza a propósito de la traducción automática. Cuestión de tornillos…

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Si no, habría tropezado con esto: «Un dictionnaire sans citations est un squelette» (carta a Duclos, 11 de agosto de 1760, en Étiemble, Essais de littérature (vraiment) générale, París, Gallimard, 1975, pág. 182).
Voltaire

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Interludio musical

Cuando empezaron a sonar yo estaba instalado en Berlín, así que he llegado a ellos un poco tarde. Quienes viváis en Cataluña seguro que los habréis oído: Manel es un grupo de Barcelona que el año pasado grabó un disco desconcertante titulado Els millors professors europeus. El álbum, por desgracia, no incluye su versión del «Common People» de Pulp, que me parece un trabajo de traducción y apropiación poco menos que magistral. Sin más por mi parte, os dejo con la letra original y el clip de la canción, para que podáis comparar.

She came from Greece she had a thirst for knowledge,
she studied sculpture at Saint Martin’s College,
that’s where I,
caught her eye.
She told me that her Dad was loaded,
I said “In that case I’ll have a rum and coca-cola.”
She said “Fine,”
and in thirty seconds time she said,
“I want to live like common people,
I want to do whatever common people do,
I want to sleep with common people,
I want to sleep with common people,
like you.”
Well what else could I do –
I said “I’ll see what I can do.”
I took her to a supermarket,
I don’t know why but I had to start it somewhere,
so it started there.
I said pretend you’ve got no money,
she just laughed and said,
“Oh you’re so funny.”
I said “yeah?
Well I can’t see anyone else smiling in here.
Are you sure you want to live like common people,
you want to see whatever common people see,
you want to sleep with common people,
you want to sleep with common people,
like me.”
But she didn’t understand,
she just smiled and held my hand.
Rent a flat above a shop,
cut your hair and get a job.
Smoke some fags and play some pool,
pretend you never went to school.
But still you’ll never get it right,
cos when you’re laid in bed at night,
watching roaches climb the wall,
if you call your Dad he could stop it all.
You’ll never live like common people,
you’ll never do whatever common people do,
you’ll never fail like common people,
you’ll never watch your life slide out of view,
and dance and drink and screw,
because there’s nothing else to do.
Sing along with the common people,
sing along and it might just get you through,
laugh along with the common people,
laugh along even though they’re laughing at you,
and the stupid things that you do.
Because you think that poor is cool.
I want to live with common people like you.
(Pulp, «Common People», en el álbum Different Class, 1995.)

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