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Posts Tagged ‘Giordano Bruno Guerri’

Malaparte - última fotoHoy se cumplen exactamente 56 años del fallecimiento de Curzio Malaparte en Roma, en la habitación 32 de la clínica Sanatrix, de resultas de las secuelas sufridas por la inhalación de gas mostaza en las trincheras francesas durante la Primera Guerra Mundial. Al día siguiente de la muerte, el corresponsal de ABC en Roma publicó una interesante necrológica (20-7-1957, pág. 21) en la que se discute si Malaparte  («un grande e ilustre corazón que nunca perdió las vetas de los más paradójicos contrastes») murió cristianamente, como cree el corresponsal, o si se doblegó a las insinuaciones del PCI de Palmiro Togliatti:

Los verdaderos amigos del enfermo, ante la irrupción de Togliatti y su estado mayor, instalándose a la cabecera del pobre Curzio, creyeron preferible retirarse, después de protestar por las increíbles coacciones que se estaban ejerciendo, hora a hora, sobre una voluntad que ya no tenía otra fuerza más que la de resistir los asaltos de la muerte […]. Así un buen día llegaron a arrancarle un mensaje de adhesión preparatorio de la especulación que a estas horas realizan sobre un cadáver al que quisieran prestarle la guardia de las banderas rojas […] y presentándole en su vida como un teórico del comunismo y como un simpatizante de las grandes hordas asiáticas.

Y poco después sentencia:

Malaparte no fué jamás comunista, ni menos en las últimas horas de su vida en que confesó la fuerza cristiana que alimentaba su espíritu, y que no había sabido o no había tenido el valor de confesarlas en las horas brillantes de sus piruetas cínicas.

Documentos en mano, las cosas son menos claras. En una carta del 1 de febrero, durante su viaje por China, Malaparte muestra cierta simpatía hacia el maoísmo (Guerri, p. 276):

Pretendo actuar con respecto al pueblo y las autoridades de la China popular con la máxima lealtad y honestidad: aunque esto deba ocasionar prejuicios en mi contra. Quiero a los chinos, admiro la China popular, me siento aquí en un país justo, libre, bueno, sano, y quiero evitar toda acción que pueda perjudicar a la China de Mao.

De hecho, Malaparte tenía ya carnet del PCI en abril. El padre Virginio Rotondi aseguró que el escritor lo rompió al convertirse al catolicismo (Malaparte, de padre alemán, había nacido protestante, aunque no era especialmente religioso), pero debió de equivocarse de carnet ya que la tarjeta se conserva todavía en los archivos familiares (Guerri, pág. 282). Esto no quita que el 8 de junio pidiera ser bautizado y que, supuestamente, la noche del 6 al 7 de julio, tomara la comunión de manos del pare Rotondi (a pesar de que no hay testigos de esto último y de que Malaparte no se lo dijo ni siquiera a sus hermanos, todos católicos). La tesis de su biógrafo Giordano Bruno Guerri es clara: «La solución al enigma está probablemente en la frase “el que me ayuda me ayuda”. Estaba dispuesto a probar cualquier exorcismo, y a jugar incluso la carta más irracional, a cambio de aumentar sus esperanzas de curación» (pág. 283).

Malaparte está enterrado, en el monte Spazzavento, a las afueras de Prato. En su tumba pueden leerse las frases: «…e vorrei avere la tomba lassù, in vetta allo Spazzavento, per sollevare il capo ogni tanto e sputare nella fredda gora del tramontano» y «Io son di Prato, m’accontento d’esser di Prato, e se non fossi nato pratese vorrei non esser venuto al mondo», procedentes ambas de su libro Malditos toscanos. Legó su villa de Capri al PC chino.

Malaparte - Sello

[Fuentes: Giordano Bruno Guerri, L’arcitaliano. Vita di Curzio Malaparte, Milán, Bompiani, 2008. La biografía de Maurizio Serra no añade mucho a este respecto. Los pasajes de Malditos toscanos que figuran en la tumba de Malaparte, aparecen, respectivamente, en las págs. 100 y 86 de la traducción castellana de Manuel Bosch Barrett, editada por José Janés en 1959. La foto es la última que se le tomó en vida al autor y aparece tanto en la biografía de Guerri como en la de Serra. Curiosamente, sirvió de base para diseñarle un sello conmemorativo.]

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Después de recuperar Kaputt y Coppi e Bartali en 2009, la editorial italiana Adelphi ha reeditado recientemente La piel, en una edición al cuidado de Giorgio Pinotti y Caterina Guagni. Venía siendo hora, aunque, sinceramente –y a falta de tenerlo entre las manos–, dudo que el reciente volumen sea mejor, desde el punto de vista de la fijación del texto y la relación y discusión de las variantes, que el de Kaputt.

Sobre este movimiento de restauración de Malaparte en Italia habla Giordano Bruno Guerri en un artículo aparecido en octubre en Il Giornale y al que llego un poco tarde. En él se resume la consideración del autor su país en términos tan críticos como éstos:

Por el momento, baste observar cuán extravagante y provinciano resulta que –para relanzar su imagen y su obra– sea necesaria la aparición, después de Kaputt, de La piel en la editorial Adelphi. Editorial prestigiosa, sin duda, y con un óptimo aparato crítico, aunque no mejor que el «Meridiano» de Malaparte, que tuvo un tam-tam mediático enormemente inferior. Y es que Adelphi fa figo [hace chic], y a su nombre la intelligentsia italiana se abre cual higo maduro.

Para pasar luego a la imagen de Malaparte en el extranjero:

Malaparte es más querido en el extranjero que entre nosotros. El febrero próximo la editorial Grasset publicará un ensayo [vid. aquí, post del 23 de enero de 2011] de unas 630 páginas sobre él: directamente en francés, por más que el autor del ensayo es italianísimo: Maurizio Serra, acreditado estudioso de la cultura de entreguerras, además de embajador. En la presentación/congreso, en el Instituto Italiano de Cultura (23-24 de febrero), participarán, entre otros, Bernard-Henri Lévy, Jean-Paul Enthoven y Dominique Fernández, además de Francesco Perfetti y el que esto suscribe.

Guerri resume también los motivos (compartidos por un servidor) por los que cree que Malaparte siempre ha levantado ampollas:

El motivo de antipatía que suscita el personaje (aparte de su éxito) es su posición dentro y fuera del fascismo, dentro y fuera del comunismo, que le valió el sambenito de «chaquetero», tan difícil de eliminar.

Si se me permite opinar, dudo que el estatuto literario e intelectual de Malaparte se normalice hasta que las historias de la literatura hagan dos cosas: una, renuncien al eterno (e intelectualmente mediocre) ejercicio de querer embutirlo en un compartimento estanco bajo etiqueta única, a saber: o fascista o comunista; y dos, comenten el valor estético de su obra según los patrones que aplicarían a cualquier otro autor. Si esto se acompaña de ediciones críticas solventes, tanto mejor.

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