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Posts Tagged ‘Nápoles’

El último capítulo de Kaputt narra una de las escenas más dantescas del libro: la ciudad de Nápoles ha sido despedazada por las bombas, sus animalizados habitantes se esconden en cuevas y tugurios miserables y se arrojan a los pies de un enigmático cortejo de tullidos monstruosos. De pronto, entra en escena un misterioso «señorón» de negras barbas. En italiano, el pasaje lee (pág. 951):

Un gran bacalare, con una barba nera e folta sul volto, alzate le braccia, ed ergendo la sua maestosa figura sulla calca, con una voce grossa, orribile e fiera, sorse a gridare: «Ih, bone femmene, ih, figli ’e bona femmena, ih che bordello! jatevenne! jatevenne! jatevenne!» e intanto andava con le braccia facendo l’atto di scacciar gli intrusi d’intorno al suo castello, e sbadigliava, si stroppicava gli occhi, non già soltanto come se dal letto o da alto sonno si levasse, ma come se quella grande folla di gente estranea gli desse ombra, gli minacciasse qualche suo privilegio.

El pasaje sigue litteratim un fragmento del Decameron (Dec., II, 5):

Andreuccio […] vide uno il quale […] mostrava di dovere essere un gran baccalare, con una barba nera e folta al volto, e come se dal letto o da alto sonno si levasse sbadigliava e stroppicciavasi gli occhi.

Mi pista fue la nota de uso que aparece en el diccionario De Mauro para la voz bacalare, que por supuesto servidor no había oído nunca. Ahí se define como «baccelliere, sapientone, dottorone». Vittore Branca, en su edición del Decamerón, ahonda un poco más: «Palabra tomada del lenguaje académico, donde baccalaureus o baccalaris designaba al doctor coronado de laurel […]. Usado aquí con cierta ironía».

No terminan ahí las coincidencias. Todo el capítulo, de hecho, parece tejido sobre el patrón de la novella de Andreuccio da Perugia: en ambos reina un calor insoportable («Essendo stati i ragionamenti lunghi e il caldo grande», Dec. II, 5, 30; «El calor era horrible», Kaputt, pág. 507). Ambos son relatos de vagabundeo y búsqueda: Malaparte y Andreuccio persiguen el mar por las retorcidas calles en torno a la rua Catalana (citada por ambos autores), sin llegar nunca a tocarlo. Malaparte se refiere incluso a los pozos de Nápoles, «de los que habla ya Boccaccio en la historia de Andreuccio da Perugia» (Kaputt, pág. 515).

El problema es que el conocimiento de la fuente no aclara por qué Malaparte echa mano de un cuento de Boccaccio que en poco o nada recuerda a los terribles hechos ocurridos en Nápoles en 1943.

También La piel contiene un par de referencias a Boccaccio. En la pág. 295, Malaparte remite una vez más a la novela de marras: «Del acueducto angevino y de su pintoresca población habla ya Boccaccio en el relato de Andreuccio da Perugia». En la pág. 45 encontramos otra alusión, pero el tono es ahí distinto: «“Humana cosa es tener compasión de los afligidos”, escribe Boccaccio en su introducción al Decamerón, refiriéndose a la terrible peste de Florencia de 1348». La primera frase de la obra de Boccaccio es, en efecto, claro equivalente de la cita (libérrima) de Esquilo con que se abre La piel: «Si respetan los templos y los dioses de los vencidos, los vencedores se salvarán». En ese contexto de peste, miseria y compasión, podríamos esperar alguna que otra alusión a Boccaccio, pero, en cualquier caso, se me escapan las razones del bueno de Curzio para acudir siempre al quinto relato de la jornada segunda. En fin, ahí queda el misterio.

Debajo de las referencias podéis disfrutar de la versión que del cuento de Andreuccio hizo Pasolini.

(Referencias: Giovanni Boccaccio, Decameron, ed. Vittore Branca, Turín, Einaudi, 2010. ¶ Curzio Malaparte, Opere scelte, ed. Luigi Martellini, Milán, Mondadori, 1997. ¶ Curzio Malaparte, Kaputt, trad. David Paradela López, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2009. ¶ Curzio Malaparte, La piel, trad. David Paradela López, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2010.)


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Lo reconozco: soy de los que tiende a interpretar a Malaparte en clave de verdad. Aun cuando la crítica ha desmentido muchas de sus exageraciones (la documentada y precisa biografía de Giordano Bruno Guerri, L’arcitaliano. Vita di Curzio Malaparte, es iluminadora a este respecto) y pese a que muchas de sus anécdotas desafían los límites de lo verosímil, se me antojan creíbles dentro del tono general de las obras. Es más: deseo creérmelas. A modo de disculpa, me digo que esto es más mérito suyo –por buen estilista– que defecto mío –por cándido y algo papanatas–. Los capítulos napolitanos de La piel son un buen ejemplo. A menudo, sin embargo, la realidad contiende a brazo partido con la ficción. Leyendo el desmesurado ensayo El saqueo de Europa, de Lynn H. Nicholas, me encuentro con el siguiente párrafo:

Cuando, después de la intensa resistencia de las fuerzas de Kesselring, los aliados entraron en Nápoles el primero de octubre [de 1943], la situación no mejoró mucho. La universidad soportó una segunda ola de destrucción. Los soldados aliados desvalijaron los laboratorios, y mezclaron de manera irremediable colecciones de conchas y piedras que había llevado décadas reunir. Pronto se vio a las tropas circulando por la ciudad en jeeps decorados con cientos de tucanes y papagayos de maravillosos colores, águilas e incluso avestruces disecados de la colección del zoológico. Los conservadores fueron bruscamente expulsados de sus despachos en el Museo Floridiana. El personal británico, francés y estadounidense se alojó en el Capodimonte y el Palacio Real, donde, con la alegre ayuda de las mujeres de la noche napolitana, arrancaron los brocados de las paredes, presumiblemente para convertirlos en prendas de vestir de una u otra clase.

De haberlo leído en una novela, ¿cuántos de nosotros habríamos juzgado inverosímiles esos jeeps paseando tucanes y avestruces por via Toledo?

(Fuente: Lynn H. Nicholas, El saqueo de Europa. El destino de los tesoros artísticos europeos durante el Tercer Reich y la Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Ariel, pág. 283.)

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Le quattro giornate di NapoliAsí se conoce la insurrección popular que en cuatro días (del 27 al 30 de septiembre de 1943) logró expulsar a los nazis de Nápoles, antes de la llegada del ejército aliado. En La piel, al principio del capítulo II, Malaparte evoca esos días de lucha:

Hacia finales de diciembre, cuando los alemanes empezaron con las «razias» de hombres por las calles, a los que cargaban sobre sus camiones con el fin de llevárselos a Alemania como cuadrillas de esclavos, el pueblo napolitano, incitado y liderado por grupos de mujeres enfurecidas que gritaban «Li ommene no!», se arrojó, sin armas, contra los alemanes, los acorraló y masacró en los callejones aplastándolos desde lo alto de los tejados con avalanchas de tejas, piedras, muebles y agua hirviendo. Pandillas de muchachos animosos se lanzaban contra los Panzer sujetando gavillas de paja en llamas y morían prendiendo fuego a aquellas tortugas de acero. Muchachas de aspecto inocente ofrecían con una sonrisa racimos de uva a los alemanes asediados, encerrados en el vientre de los tanques, caldeados por el sol; y en cuanto éstos levantaban la escotilla de la torreta y se asomaban para recoger el cordial obsequio de los racimos, pandillas de muchachos emboscados los exterminaban con una lluvia de granadas de mano arrebatadas a los enemigos muertos. Fueron muchos los muchachos y niñas que dejaron la vida en esas crueles y generosas estratagemas.

Muchos de estos «muchachos» eran los llamados scugnizzi, niños de la calle, a algunos de los cuales fue otorgada la medalla de oro al valor militar. A ellos va dedicada esta canción de los MusicaStoria, montada sobre imágenes de Le quattro giornate di Napoli, el peliculón que Nanni Loy dirigió en 1962 y donde se ven muchos de los detalles de los que habla Malaparte. Más que recomendable.

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Karte_Vesuv_MK1888Pues no, este post no va de Malcolm Lowry, sino de Cities of the Underworld, un programa de televisión que en cada entrega explora el subsuelo de una ciudad distinta. Por motivos obvios, a mí me interesaba el capítulo dedicado a Nápoles. Debo decir que el ritmo de la narración es demasiado vertiginoso como para asimilar los datos al vuelo, y el presentador me recuerda demasiado a los soldados estadounidenses que aparecen en La pelle: sanos, infantiles, prepotentes, avasalladores. Y es que a Don Wildman le da bastante igual con qué técnica construyeron los griegos las gigantescas cisternas subterráneas que hay bajo la ciudad del Vesubio; él, cual freudiano estricto, lo que quiere es penetrar túnel adentro, cuanto más adentro mejor. Atención a la parte donde se habla del culto a los muertos. Podéis ver el programa entero aquí .

Por cierto, que la ilustración está sacada del Konversations-Lexicon de Meyer, del que procede asimismo la cita con la que Malaparte abre Kaputt.

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Una de las razones inconfesables para crear el blog era, en cierto modo, justificarme ante unos cuantos amigos que albergaban la sospecha de que, en realidad, yo no trabajo. Palabra de que sí (otra cosa es si posts como éste dicen mucho en favor de mi defensa), y a Malaparte pongo por testigo de que si llegué hasta Sofia Loren haciendo strip-tease, fue por motivos estrictamente profesionales: en alguna parte había leído que el primer capítulo de Ieri, oggi, domani (Vittorio De Sica, 1963) estaba ambientado en los barrios populares del Nápoles allá por los años cincuenta.

Por el tráiler nadie lo diría, pero en realidad el capítulo de Adelina de Forcella es una mirada (bastante amable, todo sea dicho) a los bassi napolitanos que se describen en el capítulo final de Kaputt y en La pelle, los cuchitriles de planta baja donde dormían, cocinaban y en general malvivían las clases humildes. Una curiosidad: la primera versión castellana de Kaputt traduce en ocasiones bassi por «bajos fondos», lo que me hace pensar que el pobre R. Coll Robert (además de no saber latín) nunca estuvo en Nápoles.

Ah, no tengo nada contra el doblaje, pero vedla en versión original; no hace falta saber italiano para captar la fuerza expresiva que cada acento tiene en la película.

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