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Archive for 28 febrero 2011

A poco que uno haya manejado algunos volúmenes de antiguos autores griegos (en Gredos, en Alianza, en Cátedra…) habrá topado con el nombre de Manuel Fernández Galiano (1918-1988), traductor de Píndaro y los trágicos, de Platón y de Horacio (aquí la lista entera de publicaciones). Encuentro ahora un breve texto de 1977 donde comenta sobre la Biblioteca Clásica Gredos, por entonces debutante y en la que él mismo habría de hacerse cargo de la Antología Palatina. El escrito termina con los tres mandamientos aludidos en el título del post. Eccoli:

Me permitiré dar algún consejo a nuestros queridos, entusiastas, desprendidos, tal vez imprudentes amigos [de Gredos]. Non multa, sed multum. No sacrifiquéis nunca la calidad a la velocidad […]. Además hay ahora mismo en las Universidades muchachos magníficos que, si lo traducís todo de un golpe, no podrán ayudaros el día de mañana. No cejéis en el buen método de las revisiones a cargo de otra persona; pero que el revisor revise de verdad. Y, si alguna vez os equivocáis y un original no tiene arreglo, renunciad alegremente a él y buscad otro traductor. […] Detectad cuidadosamente cualquier indicio de utilización excesiva de traducciones, por ejemplo, al francés: no vayáis a caer también vosotros en la vieja vergüenza de los Acayenos y las Lesbianas. Y –¿me atreveré?– sed generosos en la remuneración si no queréis que, agotado este primer manantial de abnegación juvenil, se produzca una selección al revés en vuestros colaboradores. Sí, ya sé que el público no aprecia finuras, pero… Para eso sois nada menos que Gredos.

Parece que el primero se cumplió: la colección sigue viva y su difusión es aceptable: no sólo se editó (¿entera?) en versión quisco (la Biblioteca Básica Gredos), sino que partes de algunos volúmenes (por ejemplo piezas teatrales) se reeditan por separado y a mejor precio. En cuanto al segundo, es de esperar que, desde que fuera fagocitada por RBA, Gredos siga aplicando el sistema de revisión por expertos (no me consta lo contrario). En cuanto al tercero, ¿alguien conoce cuál es el rango de tarifas en este tipo de ediciones?

(Fuente: Manuel Fernández Galiano, «La Biblioteca Clásica Gredos», en Estudios Clásicos, vol. 21 (1977), núm. 80, págs. 345-349 [349].)

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A veces, cuando busco textos para esta sección, me entra complejo: cualquiera diría que elijo lo más cutre y casposo de algunos autores notables en otros respectos. Ya vimos, por ejemplo, a Clarín e incluso a Auster. En fin, nadie es perfecto. Hoy me referiré a un par de las Cartas marruecas de Cadalso. La primera de ellas, la 49, empieza, como no podía ser de otra manera, lamentando el flaco favor que los traductores hacen a la lengua:

¿Quién creyera que la lengua tenida universalmente por la más hermosa de todas las vivas dos siglos ha, sea hoy una de las menos apreciables? Tal es la prisa que se han dado a echarla a perder los españoles. […] Los traductores e imitadores de los extranjeros son los que más han lucido en esta empresa.

Y sigue con un catálogo de los pecados del traductor:

1.º Defraudan el original de su verdadero mérito, pues no dan verdadera idea de él en la traducción. 2.º Añaden al castellano mil frases impertinentes. 3.º Lisonjean al extranjero, haciéndole creer que la lengua española es subalterna de las otras. 4.º Alucinan a muchos jóvenes españoles, disuadiéndoles del indispensable estudio de su lengua natal.

En la segunda carta, la 50, al igual que Larra en el primer texto de esta serie, Cadalso nos dice qué cosas son «necesarias para este ingrato trabajo, cuales son a saber: su lengua, la extranjera, la materia, y las costumbres también de ambas naciones», y aun se atreve a proponer un «método» traductor:

Leía un párrafo del original con todo cuidado; procuraba tomarle el sentido preciso; lo meditaba mucho en mi mente, y luego me preguntaba yo a mí mismo: Si yo hubiese de poner en castellano la idea que me ha producido esta especie que he leído, ¿cómo lo haría? Después recapacitaba si algún autor antiguo español había dicho cosa que se le pareciese; si se me figuraba que sí, iba a leerlo y tomaba todo lo que me parecía ser análogo a lo que deseaba.

Nos quedamos sin saber qué ocurría cuando, a falta de «texto paralelo», en lugar de jugar a los centones tocaba traducir de veras. El final de ambas cartas es parecido. Véase aquí el de la 49:

Concluyo que, bien entendido y practicado nuestro idioma, según lo han manejado los maestros arriba citados [Vives, el Brocense, Ercilla, fray Luis de León, Garcilaso, Cervantes entre otros], no necesita más echarlo a perder en la traducción de lo que se escribe, bueno o malo [el subrayado es mío], en lo restante de Europa; y la verdad, prescindiendo de lo más que han adelantado en física y matemáticas, por lo demás no hacen absoluta falta las traducciones.

Y aquí el de la 50:

El poema burlesco de los ingleses titulado Hudibras no puede pasarse a lengua alguna del continente de Europa. Por lo mismo, nunca pasaron los Pirineos las letrillas satíricas de Góngora, y por lo propio muchas comedias de Molière jamás gustaron sino en Francia, aunque sean todas composiciones perfectas en sus líneas. […] Esto, que parece desgracia, lo he mirado siempre como fortuna. […] Hartas ridiculeces tiene cada nación sin copiar las extrañas.

Cosa que no deja de parecerme una paráfrasis avant-la-lettre del célebre «que inventen ellos».

(Fuente: José Cadalso, Cartas marruecas. Noches lúgubres, Barcelona, Planeta, 1992, ed. Joaquín Marco, págs. 103-107. Las cartas en cuestión también pueden leerse aquí en la edición de Emilio Martínez Mata.)

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Un poco de solaz. (Encontrado vía Twitter.)

(Y sí: es como Joan Holloway pero en dibujo.)

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Blogs de traducción

Una de las cosas que más me extrañó al inaugurar este blog fue la escasa presencia de la traducción literaria en la blogosfera. Blogs dedicados a la traducción de videojuegos, software y demás que sus autores agrupan bajo la etiqueta de «localización», hay unos cuantos, muy activos y con muchos más seguidores que éste. Blogs dedicados a la traducción de libros, bien pocos. Con el tiempo, sin embargo, he ido encontrando cosillas y las he ido añadiendo en la columna de enlaces.

Uno de los primeros que enlacé fue el del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, administrado por el infatigable Jorge Fondebrider, que a diario publica textos originales o rebota artículos procedentes de otras fuentes de ambos lados del Atlántico. En él se discutió largo y tendido en su momento sobre a qué español traducir y sobre la posibilidad de un español neutro.

No está escrito en mármol (también conocido como N. de la T.) se dedica sobre todo a publicar fragmentos de artículos ajenos sobre traducción literaria y teoría de la traducción. Desde el punto de vista académico, resulta mucho más recomendable que otros que he visto por ahí repitiendo de forma acrítica las teorías políticamente correctas fraguadas en las facultades de traducción.

El Trujamán, un viejo conocido, se llama a sí mismo «revista diaria de traducción», y cuenta con ISSN y todo, pero a efectos prácticos es un blog de autoría múltiple. Lo publica el Centro Virtual Cervantes y se ocupa de todo tipo de temas, principalmente traducción de libros y observaciones generales sobre el oficio y las lenguas.

La última adición ha sido el de Rafael Carpintero, conocido principalmente por sus traducciones de Orhan Pamuk.

En catalán sé de tres blogs interesantes. Per a lectura i decoració, activo desde 2007, era el único que conocía antes de meterme yo también a estas labores. Su autora, la traductora Anna Llisterri, se dedica a comentar cuestiones generales sobre el oficio y coleccionismo de nyaps y espantajos lingüísticos.

Xavier Farré, traductor del esloveno y el polaco, además de poeta, lleva el blog ABCD, de los pocos que trata de forma seria y nada pesada la traducción de poesía. Tanto más interesante por el hecho de tocar autores de apellido impronunciable de los que rara vez oímos hablar por estos lares.

El tercero es el de Ferran Ràfols, quien, como él mismo admite en la presentación, ha tenido la suerte de traducir a gente como Evelyn Waugh, Thomas Pynchon o Richard Ford. Se titula La màquina de fer llibres.

Los traductores Ramón Buenaventura, Jordi Doce, Gonzalo García y Rosa Sala Rose también llevan bitácoras, pero su contenido es algo más heterogéneo, de aquí que no consten en la columna de enlaces. (Y alguno me dirá que para heterogéneos el resto de links que tengo pinchados; cuestión de afinidades.)

Ni que decir tiene que, si conocéis más blogs de traductores de libros, Malaparte y yo os agradeceremos que nos lo comuniquéis en los comentarios.

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Recién se ha estrenado en Francia el documental Traduire, de Nurith Aviv. La película es, después de D’une langue a l’autre y Langue sacrée, langue parlée, la tercera parte de una trilogía dedicada al lenguaje. La cinta se centra en la experiencia de distintos traductores –entre ellos nuestro colosal Manuel Forcano– como vehiculadores de la literatura hebrea a otras lenguas.

Ya que aquí no llegará ni en broma, no estaría mal que alguna biblioteca universitaria se hiciera con el DVD. Para los que estáis en París, lo ponen en la sala Les 3 Luxembourg.

Para quien quiera una reseña: aquí en francés y aquí en inglés.

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A partir de hoy puede comprarse, en inglés, la cuarta entrega de la serie David Hunter, de nuestro amigo Simon Beckett: The Calling of the Grave. Esperemos que pronto decidan traducirla, más que nada por la cuenta que me trae.

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