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Posts Tagged ‘Stacy Schiff’

A lo largo de estos meses, María y Ana te han oído rebuznar rebufar con el libro de Stacy Schiff, un libro no especialmente largo, pero difícil, complejo, plagado de notas, citas, índices, mapas. En ocasiones, corregir un detalle en una nota implicaba reescribir frases enteras dispersas por todo el libro. Entonces te entraban ganas de arrancarle las páginas a dentelladas. Pero al final te quedas con lo bueno.

Aparte de la pasta (que bienvenida sea), lo bueno es esta difusa sensación de gratitud. Te sientes agradecido con Ana, María y Jason, que te confirmaban que no estabas loco, que esa frase era francamente rebuscada y que tirases millas. Con José Ignacio, que se rompió los cuernos contigo buscando la dichosa cita de Menandro y te regaló un librito de António Lobo Antunes. Con Joana, que te arregló algún pequeño problema con los préstamos bibliotecarios. Con Ana, de Destino, que siempre te manda los libros que le pides y accede a hacerte la vida más fácil dentro de las, imagino, estrictas condiciones (plazos, tarifas…) de un gran grupo editorial. Con Elsa, que te prestó Roma, a cuyos dos capítulos por noche no pudiste renunciar hasta acabarla. Con Gemma, que te aclaró quien era Balanchine, se tragó contigo la Cleopatra de Mankiewicz y te tomaba el pelo al ver que se te caían los párpados. Con tus padres, que soportaban pedantescos tostones sobre Marco Antonio y Cicerón durante el vermut del fin de semana.

Te gustaría incluso darle las gracias a Stacy Schiff, que sin quererlo te ha descubierto un gran libro de Lionel Casson y te ha obligado a conocer de cabo a rabo las colecciones de clásicos de Gredos, Loeb y Rizzoli. De no ser por ella, habrías postergado más aún la lectura de No digas que fue un sueño de tu querido Terenci (sólo ahora sabes que es una infumable novelita rosa sin nada que ver con los libros de memorias o El dia que va morir Marilyn).

Has descubierto que las bibliotecas universitarias no están precisamente bien surtidas de traducciones de Shakespeare (¿alguna donde encontrar íntegras las versiones de Cátedra y de José María Valverde?) y que algunos editores atentan contra san E. M. Forster publicando su Alejandría: historia y guía con todo tipo de anglicismos y sin reordenar el índice analítico (eso sí, en tapa dura, durísima, y toda suerte de prólogos y anexos). Pero lo perdonas todo porque, en el fondo, consultar ése y otros volúmenes era la excusa ideal para dar interminables paseos en moto por la incipiente primavera de Barcelona, para deambular por Sant Cugat a la hora de la siesta o para volver a comer al sol en el césped en la Autónoma, como en tiempos.

Ya que a los traductores (con buen criterio y salvo malapartianas excepciones) no nos dejan poner agradecimientos en los libros, tengo que decirlo aquí: va por ustedes.

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La vuelta de Nueva York no ha coincidido solamente con la llegada de los primeros fríos, sino con el pago de algún trabajito, la boda de una amiga muy especial y la finiquitación, la semana pasada, de Simon Beckett. Bueno, la de él no, pobre hombre, sino la de la traducción de Whispers of the Dead, su tercer David Hunter, del que podéis ver un vídeo promocional aquí.

Terminar un libro significa ponerse con el siguiente (si hay suerte; si no, es cuando te conviertes en ese 20 % que sale en las noticias). Debo reconocer que el que ahora tengo entre manos, una biografía de Cleopatra, lo acepté con recelo. Porque ya se sabe: los libros sobre Egipto, suelen ser como los de templarios, todo misterio, telurismo y simbología arcana. Pero no. Cleopatra. A Life, de Stacy Schiff está bien parido y bien escrito. Además abundan las referencias a autores antiguos, lo que significa que Plutarco, Cicerón, Flavio Josefo y el resto de los volúmenes de Gredos y yo intimaremos bastante durante los próximos meses. El hecho de que se prepare una adaptación al cine con Angelina Jolie de protagonista es un plus de motivación.

Pero la gorda es la última, y es que tras vacilaciones, temores y titubeos servidor ha decidido salir de casa y, después de no sé cuántos años trabajando a escasos cinco metros de la cama, instalarse en un estudio. Con la suerte de caer en un local precioso en el corazón del barrio de Gràcia, a tiro de piedra de Hibernian Books y el Café Suec, y, lo que es mejor, con cinco coinquilinos de lujo, entre ellos María y Ana, viejas amigas con quienes ya tuve el gustazo de traducir Los Bin Laden de Steve Coll, entre otros. Como además tenemos patio, no veo la hora de llenarlo de plantas y dedicarme por fin a algo serio, como la jardinería.

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