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Posts Tagged ‘N. del T.’

Se imponía un truja sobre las notas. Las notas al pie dan para un libro (Gérard Genette les dedicó un capítulo de Seuils y Anthony Grafton un volumen entero: Los orígenes trágicos de la erudición, extraño título castellano para The Footnote: A Curious History); las notas del traductor son un subgénero de esta categoría paratextual, y un catálogo mínimamente representativo excedería con mucho las dimensiones de un trujamán o de un post. De aquí que me haya limitado a hacer una sucinta taxonomía, que, si bien ha sido compilada un poco al buen tuntún, creo que describe bastante bien los tipos de nota traductoril que podemos encontrar en la narrativa corriente. (Obviamente, en otros géneros y tipos de edición encontraríamos otras tipologías, como los aparatos críticos, la glosa, el comentario doctrinal, etc.)

Decía en el artículo que a mí nunca me han prohibido ponerlas. Es más, no sólo las he puesto (en algún ensayo), sino que han querido ponérmelas: ¡cuál no fue mi sorpresa al encontrar, en las compaginadas de Kaputt, enes del te que yo no había escrito! Por supuesto, mandé quitarlas todas, y más de un lector me lo ha echado en cara. Al lector, de hecho, y en contra de lo que creen muchos, suelen gustarle, supongo que porque le dan a uno la sensación de estar aprendiendo algo; claro que ¿la literatura se hizo para «aprender»? Si Flaubert oyera esto, le daría un síncope… En mi humilde opinión (y hablo de narrativa y de ediciones corrientes), la nota debe ser el último recurso, jamás debe añadir información que a un lector nativo de a pie podría pasarle por alto y nunca debe anticipar información ni dirigir al lector hacia una interpretación determinada en lugar de otra.

En los blogs de los estudiantes de traducción y traductores jóvenes (será que yo ya no lo soy tanto, hélas!) encuentro con frecuencia un terrible poso que atribuyo a la doctrina FTI: que el lector de la traducción no debe perderse una sola de las «referencias culturales» de una obra, aunque ello suponga cogerlo de la mano como a un deficiente e interrumpirle la lectura a cada rato. Para ver que la idea es absurda no hace falta entrar en disquisiciones hermenéuticas abstrusas (a Gadamer me remito); baste preguntarnos qué nos ocurre cuando leemos a autores que escriben en nuestra lengua. Preguntémonos qué entiende un asturiano que lee a Marsé o a Mendoza, un catalán que lee a Eduardo Liendo o a Juan Rulfo, y si, puestos a querer entenderlo todo, no reclamarían también éstos notas al pie. O acaso una traducción neutra, para no asustar al lector con regionalismos. Tal vez así, alguien podría afirmar que lo ha entendido todo; lástima que por el camino se habría perdido lo esencial: la experiencia literaria.

La boutade de Noël Coward la tomo prestada de un artículo de Gabriel Zaid, citado abajo. Se me perdonará que en el truja me haya ahorrado los detalles de algunas de las citas copiadas. Como decía el gran Goyo, mi profesor de latín, se dice el pecado pero no el pecador.

[Referencias: Gérard Genette, Seuils, París, Seuil, 1987 [Umbrales, trad. Susana Lage, México, Siglo XXI, 2001.] ¶ Anthony Grafton, The Footnote: A Curious History, Cambridge (MA), Harvard University Press, 1997 [Los orígenes trágicos de la erudición: Breve tratado sobre la nota al pie de página, trad. Daniel Zadunaisky, México, FCE, 1998.] ¶ Gabriel Zaid, «Notas al pie de las notas al pie», Letras Libres (abril de 2005). ¶ Nota: La ilustración pertenece a House of Leaves, de Mark Z. Danielewski (Nueva York, Pantheon Books, 2007), cuya versión castellana, a cargo de Javier Calvo, preparan las editoriales Alpha Decay y Pálido Fuego.]

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