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Posts Tagged ‘Lawrence Venuti’

La invisibilidad fue el tema en torno al cual giró última edición de El Ojo de Polisemo. Traductores, editores de mesa y críticos se citaron para debatir, a lo largo de varias mesas redondas, el estatuto del traductor y del hecho traductor dentro del circuito general del libro. Me pareció detectar, por parte de mis colegas, cierta tendencia a la defensa gremial, en tanto que los críticos trataban de salir airosos de su paseo por terreno hostil admitiendo –sin mucha sinceridad– lo lamentable que es ver relegada la labor del traductor y prometiendo –sin muchas ganas– que, si en su mano estuviera, otro gallo cantaría, pero que la tesitura, ya se sabe, usted comprenderá… Víctor Amela, con su desparpajo habitual, fue el único que se atrevió a saltarse el protocolo y, viendo que el debate parecía derivar hacia lo personal, verbalizó lo que todos los críticos deben de pensar: «Pero ¿qué es lo que queréis que digamos?».

Quienes creemos que el traductor es un elemento (importante, pero un elemento al fin y al cabo) de la cadena de producción del libro no podemos admitir que la discusión adopte un cariz personalista, de ego herido. La labor del traductor debe ser justamente reconocida, cierto, pero no debemos olvidar que nuestro trabajo tiene como fin último servir al libro y al lector-consumidor. Y del mismo modo que el consumidor de naranjas tiene derecho a saber si vienen de Valencia o de la China o si son o no transgénicas, tiene asimismo derecho a saber si el libro por el que ha pagado tanto como por quince kilos de naranjas es o no traducción, si viene de España o de la Argentina, si la traducción es nueva o reciclada, si el traductor de la tercera entrega de la serie es el de las dos anteriores. Nuestro nombre es una forma más de garantía. Eso es lo que yo quiero que digan. Y si un crítico no entiende eso, es que, de crítico, poco.

Aludo en el truja de anteayer a The Translator’s Invisibility, el libro de Lawrence Venuti (Londres, Routledge, 1995). No puedo decir que esté de acuerdo con todos sus planteamientos, entre otras cosas porque los mercados editoriales anglosajón e hispanófono son radicalmente distintos en lo tocante a las políticas de traducción. Sí admiro su espíritu y suscribo, como él, la necesidad de ser osados, pero no como quien da con el puño en la mesa para llamar la atención sobre la propia presencia, que es lo que parece sugerir nuestro autor, sino porque hay originales que lo requieren (le guste o no al editor) y a ellos nos debemos (le guste o no a Venuti).

De écrivains y écrivants, como es sabido, habla Roland Barthes en un artículo clásico: «“Écrivains” y “écrivants”», en Ensayos críticos, trad. Carlos Pujol, Barcelona, Seix Barral, 1977, págs. 177-185.

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