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Posts Tagged ‘Josep Pla’

En 1925, Josep Pla viajó durante un par de meses por Rusia por encargo del diario La Publicitat. Sus artículos, recopilados en un delicioso volumen titulado Viatge a Rússia (que a mi conocer no ha sido traducido al castellano), se leen hoy con estupor; estupor ante la inteligencia con que la prosa calma del autor –ese engañoso desapasionamiento, tan típicamente planiano–  evita caer en tópicos que aún hoy perviven, estupor ante la opinión generalmente favorable de Pla hacia las políticas bolcheviques y ante su fascinación por la vitalidad de un país que trabaja a pleno rendimiento por situarse a la cabeza de las potencias mundiales. El libro entero es una joya por los datos que aporta, por la prosa que los hilvana y por la sucinta agudeza de un autor por entonces jovencísimo, apenas veintocho años. Aquí me limitaré a hablar del capítulo sobre «Las prensas del Estado». En el momento de la visita de Pla, las prensas de la URSS daban empleo a más de 12.000 impresores y más de 6.000 «intelectuales» (autores y traductores). El autor ruso más leído era Tolstói, y el autor extranjero más popular, Anatole France.

josep pla
Pla describe el proceso de admisión de originales de la siguiente manera:

Cuando una persona, en Rusia, ha escrito un libro, lo lleva a la dirección de las prensas del Estado, la cual pasa el libro a un Comité técnico formado por personas conocedoras del negocio de la edición. Este comité se plantea el problema de la edición del libro presentado desde un punto de vista puramente económico. Estudia, en breve, las posibilidades de venta que puede tener el libro. […] En el caso de que las cualidades del libro sean difíciles de captar, las prensas del Estado pasan el libro a la Asociación de escritores de la tendencia a la que el libro pertenece. […] Este comité tiene también funciones muy elásticas con respecto a los libros extranjeros: puede proponer todo tipo de libros para traducir.

Se nos informa de que los autores trabajaban con contrato:

Si el Estado compra la propiedad de un libro, es que el autor se la ha vendido. En general, el Estado da a los autores un tanto por ciento de los ejemplares vendidos. […] La ventaja que tiene en Rusia el autor de un libro es que no puede verse robado por el editor porque todas las ediciones de las prensas del Estado van numeradas.

Pla pregunta al director de la casa editorial si existe la censura, a lo que éste responde con la sinceridad que Pla destaca durante todo su libro como característica principal de los comunistas:

Naturalmente. El bolchevismo es un régimen que se defiende. Lo que pasa es que la censura se desarrolla principalmente en los terrenos más vitales de la cultura. ¿Qué censura quiere que haya, por ejemplo, ante una novela de Gorki o un volumen de los cuentos de Chéjov? ¿Qué censura quiere que se ejerza sobre los libros de Einstein o de Freud? Sería absurdo. En cambio, puede ser censurado un libro de política y, naturalmente, de economía.

Con todo, las miras son más amplias de lo que podría esperarse:

Sabe usted, por ejemplo, el punto de vista absolutamente anticomunista que ha adoptado Kautsky después de la revolución rusa. En cambio, hemos editado la mejor colección de obras completas de Kautsky que existe hoy en el mundo. […] Hemos editado el libro de Wells [supongo que Russia in the Shadows, de 1920]. Es un libro contrario, pero consideramos que el testimonio de Wells es demasiado importante como para no ser conocido.

La labor de las prensas comunistas aspira a cumplir una función social, y está fuertemente comprometida con la divulgación de la cultura entre un público general:

El Gobierno soviético trabaja por la elevación de la cultura, por la mejora de la producción, por la elevación y la higienización de la vida. […] La lucha contra el analfabetismo, contra la suciedad y contra la religión ocupa gran parte de nuestra actividad. […] De todas las obras de estudio, se hacen ediciones populares que se venden a precios ínfimos.

La difusión es, pues, amplia:

El año pasado lanzamos a la calle ocho millones de ejemplares. […] El Comisariado de Comunicaciones, por ejemplo, tiene la obligación de poner una librería en cada estación pequeña o grande de la Unión.

En el capítulo siguiente («Pedagogía»), se abunda en la voluntad de difusión cultural del régimen soviético:

Los mencheviques y los socialistas revolucionarios daban más importancia, parece, a la alta cultura y a la Universidad que a la instrucción primaria. Lenin, en cambio, quiso siempre empezar por la base, por la escuela inferior. Sin desconocer la importancia de la cultura superior, hacía, sin embargo, una prelación de obras a realizar, en el primer capítulo de la cual –el más urgente– figuraba la escuela popular.

En relación con lo anterior, cabe añadir, por último, que los principios pedagógicos de la Unión eran el comunismo y la irreligiosidad, pero no la rusificación:

La lengua materna de los chicos y chicas es siempre la lengua de la escuela. (Ya dijimos que todas las lenguas de Rusia son lenguas de Estado.) […] El veinte por ciento de la prensa de la Unión sale en lenguas no rusas. Las prensas del Estado publican en todas las lenguas de la Unión.

[Fuente: Josep Pla, Viatge a Rússia: Notícies de la URSS. Una enquesta periodística, Barcelona, Destino, 1990.]

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