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Posts Tagged ‘erratas’

Cuentan que un día llamó a las puertas de la Ciudad Prohibida de Pekín un impresor que llevaba un fabuloso obsequio para Su Majestad Imperial: un libro sin ninguna errata.

El emperador mandó examinar el libro, sucesivamente, por cada uno de los seiscientos sesenta y seis letrados de su Íntimo y Privado Consejo y la respuesta que le dieron lo sabios confirmó, para asombro de todos, las pretensiones del artesano: el libro, en efecto, no contenía ni una sola errata. Ni siquiera la que en estos casos aparece en el colofón en el que se hace constar que el libro no contiene errata alguna.

Su Majestad, con la más oblicua e impenetrable de las sonrisas, agradeció el obsequio, ordenó inscribir el nombre del impresor en el volumen veintiuno del Wen xian tong kao, lo elevó a la categoría de mandarín y lo envió como gobernador a una lejana pero rica provincia, donde desafortunadamente murió al día siguiente de su llegada. En Pekín, Su Majestad Imperial, tras recordar a todos sus súbditos presentes y venideros que la perfección es atributo exclusivo del Supremo Soberano Celestial, dictó un decreto por el que ordenaba la introducción de una errata en aquel libro sacrílego.

Este apólogo chino contribuirá quizás a hacer más soportable la amargura del lector cuando, indefectiblemente –y recuérdelo bien: indefectiblemente–, en el momento de entregar un trabajo, recibir el primer ejemplar de un libro o la separata de un artículo propio, compruebe que, pese a todas las precauciones tomadas por uno mismo y el editor, se ha colado una errata. ¡Y dese por satisfecho si hay sólo una!

También puede consolarse pensando que, si tenemos en cuenta que una página estándar de mecanografía contiene unas 2.100 pulsaciones, y que su trabajo de, por ejemplo, 30 páginas contiene una docena de erratas, su margen de error es prácticamente despreciable: un 0,019 %.

[Josep M. Pujol y Joan Solà, Ortotipografia. Manual de l’editor, l’autoeditor i el dissenyador gràfic, 3.ª ed., Barcelona, Columna, 2000, págs. 377-378.]

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