Vía Twitter (sí, he dicho Twitter) me llega un artículo de la traductora al inglés de Orhan Pahmuk, aparecido en The Guardian el pasado 28 de noviembre. Vale la pena leerlo íntegro, no sólo porque da a entender que el medio en que se mueven los traductores anglófonos es sustancialmente distinto al nuestro («More often than not, we are the ones who bring new authors to the attention of publishers»; aquí la inmensa mayoría somos mercenarios con mejor o peor suerte), sino también por algo que ya señalé en otro lugar a propósito de las traducciones indirectas de Larsson al catalán, esto es que en casos de traducción indirecta la traducción se convierte en original y debería ser debidamente remunerado:
We who translate from non-western languages will often discover, if a book becomes a world phenomenon, that most other translations will be from our translation and not the original. But by and large, we receive no extra fee and it is only when those working from our translations send us frantic emails that we discover how far our words have travelled.
El artículo de Freely discute también las relaciones entre traducción y Weltliteratur y el ambiguo lugar que ocupa la primera dentro de los estudios literarios, pese a la popularidad de la segunda (Acantilado, por ejemplo, acaba de recuperar Literatura universal y literatura europea de Victor Klemperer):
World literature is the big new thing in literature departments, so you’d think our good name would be assured here at least. Sadly, universities and their regulators tend to be suspicious about translations, possibly because they don’t know what yardstick to measure them by.
Servidor puede dar fe de esa ambigüedad: no hace tanto terminé mis estudios de literatura comparada y puedo contar con los dedos una mano las veces que algún profesor dio importancia al hecho de aproximarnos a una obra en versión traducida.
En fin, que dejéis de leerme a mí y vayáis de una vez al texto de Freely.



Vaya por Dios, estaba mirando otras cosas tuyas (lo de la traducción del sueco al catalán, que todo consiste en poner el “título original” en sueco y luego “traducido por” sin especificar) y me encuentro con esta entrada. Me temo que tengo serias dudas, compartidas, sobre la calidad de las traducciones de Dña. Maureen, muy señora mía, por otra parte. Es lo malo de los autores-traductores y no sólo por su culpa. La editorial decide contratar a alguien de campanillas y, hala, tira palante. Pero además algunos traductores anglosajones se creen que todos los demás del mundo mundial les pegamos unos copieteos que ni el rincón del vago. Me parece un poco (muy) prepotente por su parte.