En la entrevista publicada en el Proyecto Seléucida me preguntaron por la «percepción estética» de Malaparte en Italia, y contesté que hasta fecha reciente se lo consideraba desde un prisma casi exclusivamente político y moral. Como muestra un botón:
Su ideal [de Malaparte] debería ser Voltaire; y sin embargo, desgraciadamente en ocasiones acaba recordándonos a Restif de la Bretonne o a Sade en su peor faceta. Sus libros tienden cada vez más a convertirse en el mismo libro, rehecho, reanudado, ajustado.
[…] Malaparte es un fabricante de pompas de jabón terroristas, eso es lo que es. Las sopla a pleno pulmón, hasta que, balanceándose, se vuelven enormes como cúpulas; las separa de la pajita con garbo; nos muestra cómo se revuelven lentamente con las pústulas, la podredumbre y la gangrena que irisan su piel, nos las señala con el dedo y nos hace leer sobre su leprosa epidermis los cabalísticos signos de la muerte y del destino. En un momento dado, con un leve suspiro, la pompa explota y queda reducida a una gota de agua sucia y rojiza.
[...] Acaso no con ánimo perverso, sino con ánimo egoísta y turbio, se sirvió [en La piel] de cosas que no se podían ni se debían tocar. No se burló de forma odiosa, pero sí desveló con manos profanas algo mucho más indecente y patético que la ebria desnudez de Noé.
Digamos, sin necesidad siquiera de alzar la voz, que ha hecho, Dios lo perdone, una de esas cosas que por nada del mundo deben hacerse. Casi mejor el silencio y la hipocresía que estas equívocas bizarrías. […] Desafortunadamente nosotros no estamos ni con Dalí ni con Sade; estamos con Manzoni.
La perla procede de la Storia della letteratura italiana de Emilio Cecchi y Natalino Sapegno (Il Novecento, vol. II, Garzanti, 1994 [1.ª ed.: 1969], págs. 394-396). Claro que ya Cecchi había expresado su repulsión por La piel en 1950 («“La pelle” di Malaparte», L’Europeo, 12-2-1950), atacando el libro con argumentos morales similares a los que emplearía en 1955 contra Ragazzi di vita de Pasolini; por su parte, Sapegno, con apenas veinte años, tachaba ya de «ridícula» La rivolta dei santi maledetti («Suckert: “La rivolta dei santi maledetti”», La Rivoluzione Liberale, 10-9-1922).



M’encanta llegir aquest tipus de crítiques: són tan ferotges i roentes que em provoquen moltes ganes de llegir el llibre ressenyat. Quina llengua més esmolada!
A mi em fan sentir com si hi hagués algun gran malentès còsmic que fa pensar, veure i dir aberracions a la gent. Més o menys com veure Intereconomía… Segur que s’acosta una supernova, són els primers presagis!